lunes, mayo 22, 2006

Amigos (I)

Dijo un sabio mucho tiempo ha, resaltando el valor de la Amistad, que a uno los familiares le vienen dados, mientras que los Amigos se eligen (y te eligen). Se entiende que hablamos de buenos Amigos. Amigos de verdad. Porque hay amigos y Amigos. Este es un título, un reconocimiento que, en contra de los usos y costumbres comunes, no ha de ser concedido a la ligera. Yo soy de los que creen que con una mano sobran dedos para contar los Amigos; y a los menos afortunados les sobra la mano entera. Quien crea lo contrario está sujeto al sufrimiento de grandes decepciones.
Uno de mis amigos es Julen. El otro día, husmeando en su blog, descubrí que nos conocemos a causa de un terrible suceso (que le hizo cambiar de colegio y venir a parar al mío); uno de esos desastres que te ponen muy, pero que muy difícil creer en nada. El caso es que, desde temprana edad y durante mucho tiempo, compartimos (junto con otros Amigos y amigos) aula, aficiones, ilusiones, correrías y demás… Luego, razones de índole personal y calaña profesional empujaron nuestra amistad a un stand by, manteniendo las constantes vitales pero sin constancia tangible; nos veíamos apenas en la comida anual que celebramos junto con un puñado de Amiguetes y en las (dos) presentaciones de mis libros. Aunque fue precisamente en la última de esas comidas cuando, al hilo de un nombre real (Txetxu) y un mantra etéreo (weblog), cuando surgió el chispazo desencadenante de una cadena renovada. Una cadena de generosidad, tolerancia, inteligencia y acogimiento. Gracias a él estoy aquí.
¿Hay quien dé más por menos? (madres abstenerse)
Sólo espero que no vuelva nadie a pulsar el stand by… hasta que nos pulsen el stop definitivo.
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