lunes, mayo 22, 2006

Amigos (II)

Y en esto apareció Txetxu.
El penúltimo favor recibido de Julen ha sido presentarme (primero digitalmente, cómo no) a Txetxu Barandiarán. Conocer a Txetxu ha supuesto para mí lo mismo que le supuso a aquel Saulo la aparición de aquella voz cegadora que consiguió rasgar su ceguera interior (creencias al margen). Hasta hace bien poco, yo pertenecía a esa especie libro-paleolítica tan bien descrita por Saramago en un pregón feria-libresco, si bien intuía que más allá del océano digital había algo más que los abismos infernales, que esto no es algo plano, sino esférico y espacio-temporal. Que había otra orilla y otros mundos. Y allí fui.
¡Y tanto que había! Nada más desembarcar me topé con un territorio infinito de seres llenos de historias para contar, conocimientos para compartir, sentimientos para emocionar, inventos para seguir inventado… Personas.
Qué curioso: vas por la calle mayor y crees que te cruzas con miles de personas. Falso. Te metes en un mundo virtual, en el que sólo piensas encontrar fría ilustración envuelta en códigos binarios y te encuentras con personas. A veces grandes personas. Una de ellas es Txetxu.
Con orgullo imposible de disimular he comprobado que formo parte de una tríada de grandes personas con grandes cosas por hacer.
A ver si, además de tríades, acabamos siendo Amigos.
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