viernes, junio 02, 2006

Un poquito de Schopenhauer



Descubrí a Schopi a través de las lecturas de Baroja, don Pío. Y es que, a pesar de ese aspecto malcarado, con aire de Mr. Scrooge (¿a que sí, Telémaco?), su señas de identidad son como mi norte: pesimista, mordaz, inconformista, ingenioso y con un exacerbado sentido del humor; sólo le afea la misoginia que le atribuyen sus biógrafos debida, al parecer, a una tormentosa relación con su madre. Dicen que murió sentado en el sillón de su estudio con una sonrisa en la boca.
Podrían citarse miles de frases a mi juicio geniales de este hombre, aunque hoy me quedo con una, que abre la tercera parte de Kismet (mi segunda novela).
«Es una verdad trivial, pero confirmada con demasiada frecuencia, que a menudo somos mucho más necios de lo que creemos; en cambio, el descubrimiento de que somos mucho más sabios de lo que nosotros mismos nos figuramos es un descubrimiento que sólo hacen los que han estado en ese caso, e incluso ésos, tardíamente» (Parerga y paralipómena, o Cosas accesorias y omitidas, tomo I).

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