viernes, julio 21, 2006

Estupefacientes (I). La música.

Un aspecto incontestablemente moral de la música es que presta al transcurso del tiempo, midiéndolo de un modo particularmente vivo, una realidad, un sentido y un valor. La música despierta el tiempo... La música despierta... y en este sentido es moral... ética. El arte es moral en la medida en que despierta.
Pero, ¿qué pasa cuando ocurre lo contrario: cuando entorpece, adormece y contrarresta la actividad y el progreso? También la música puede hacerlo, es decir, ejercer la misma influencia que los estupefacientes. Una influencia diabólica, señores. La droga pertenece al diablo, pues provoca la letargia, el estancamiento, la pasividad, el servilismo...
Les aseguro que hay algo inquietante en la música. Sostengo que es de una naturaleza ambigua. No me excedo al calificarla de políticamente sospechosa.

(Extraído de La montaña mágica, Thomas Mann)

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Technoradas