miércoles, julio 19, 2006

Homo homini lupus (I)


Fragmento de una conversación.



- Así que el hombre es un lobo para el hombre.
- Absolutamente. No obstante, la gente de bien opina que esa frase es un insulto para los pobres lobos —hizo una pausa para catar un escalopín mientras Nora reía—. Creo que las personas así, en manada, o en sociedad como tú dices, se embrutecen, pierden la racionalidad. Para mí, la soledad regenera al ser humano. Tratadas individualmente, las personas presentan una cara más benigna y humana, pero en grupo sólo sirven para linchar o devastar. Por eso yo añadiría que es un lobo… cruel y caprichoso. Y cobarde.
- Si así fuera, la solución consistiría en vivir aislados, en solitario, como los osos, ¿no? O, si no, ¿cómo?
- En pequeñas familias o clanes, quizás.
- Me parece descabellado, absurdo… e injusto por tu parte.
- ¿Injusto? Me limito a señalar cómo somos. Además, yo sólo expongo datos, no extraigo conclusiones, ni pretendo juzgar, porque no soy quien para ello. El que esté libre de culpa que tire la primera piedra, yo no. Cada cual que extraiga sus conclusiones o que viva como quiera siempre que no dañe a los demás. Esa es mi única conclusión.
- Pero la vida en sociedad, suponiendo que no fuera imprescindible, tiene enormes ventajas para el ser humano, reconócelo.
- A mí esa continua lucha de todos contra todos no me agrada mucho.
- No, no me refiero a eso, sino a las cosas positivas, beneficiosas. Además, ¿qué es eso de luchar todos contra todos? Yo no lo veo.
- Será que no te has fijado bien —replicó Pablo sin disimular cierto cinismo—. El instinto de los humanos, sobre todo el de los hombres, típicos machos dominantes del mundo mamífero, es vencer a su igual, dominarle y ponerle a su merced o expulsarlo de su grupo... Antaño, el Neandertal o el Cromañón luchaban a palo limpio en la selva o en las praderas, pero hoy el Homo Sapiens Sapiens lucha en la fábrica, en la bolsa, en la televisión o en el mercado global, como dicen los iluminados. Aunque el escenario sea distinto y las armas más refinadas, la lucha es la misma, y las víctimas y los cadáveres no sangran por fuera. La guerra en todas sus variantes, reales o simbólicas, es el estado natural del hombre.
- El Leviatán ataca de nuevo.
- La vida humana, como la de cualquier otro animal, se vive en una selva peligrosísima… Se necesitan unas dosis muy grandes de valor y de suerte, sobre todo de suerte, para morirse de viejo. Si no es un conductor borracho quien te mata puede ser una teja que se desprende por el viento, o un maníaco que la emprende a tiros en la cola del paro, eso si no es un maldito terrorista que ha dejado una bomba en el restaurante, o una inundación que te pilla desprevenido, cuando no el gas que se ha dejado abierto tu vecino… por no hablar de enfermedades incurables o trastornos psíquicos que no entienden de edades ni condiciones. Somos como esos animalillos débiles condenados a ser presas y que van día a día intentando escapar de toda clase de peligros y depredadores.
- Entonces, ¿la colectividad es un elemento embrutecedor del individuo? —preguntó Nora retomando el hilo inicial.
- No. No sirve diferenciar entre el individuo y la especie, porque ésta no es más que la suma de aquellos. El fallo está en el género en sí. En general, los humanos somos volubles, ambiciosos e ingratos por naturaleza, como cualquier otra especie, no porque seamos especialmente malos. Quienes no responden a estas características son individuos excepcionales, pero no todos los individuos considerados como tal.
- Luego tampoco crees que haya nada espiritual en el ser humano.
- Definitivamente.
- Así que no existe el Homo Sapiens, existe el Homo Faber.
- En efecto. Somos animales que hemos desarrollado en gran medida el cerebro, aunque a muchos no se les note, para compensar nuestra suma debilidad morfológica. Nos valemos de instrumentos de toda índole para desarrollar y modificar nuestro entorno, para adaptarlo a nuestras necesidades. Todo ello no a impulsos de nuestro espíritu, sino de nuestros instintos. Por lo demás, no hay nada en nosotros, ninguna cualidad intrínseca diferente de las demás especies animales. Creo que toda cualidad y aptitud que nosotros tenemos también la poseen, aunque sea en potencia, otras especies.
- Eres un freudiano, un marxista, un evolucionista, un… un maquiavélico.
- Si sigues cubriéndome de piropos me voy a sonrojar.

___
___
Technoradas