jueves, septiembre 21, 2006

La España de Alatriste. O sea, la de siempre.



Ahora que está de moda, no voy a dejar de recordar un pasaje de El sol de Breda que, a mi entender, destila en una sola frase el carácter español.

Alatriste desnudó la toledana, se quitó el sombrero y el correaje, y sin decir una palabra fue a encaramarse al parapeto.
- ¡España!… ¡Cierra España! —gritaron algunos, yéndole detrás.
- ¡Ni España ni leches! —masculló Garrote, levantándose renqueante con la espada en la mano sana— ¡Mis cojones! ¡Cierran mis cojones!

Ahí, en una frase, está todo: el individualismo, la impaciencia (insuperable descripción la de El Profe en la Sección Femenina), la improvisación, la fatalidad, el descreimiento, la irreverencia, la frescura y hasta, por qué no decirlo, el valor temerario.
Ahora bien, me parece que el enfoque de esta descripción es netamente masculino. Y no me refiero a la explícita referencia a los órganos de reproducción del género hombruno, sino a que no termino de ver en ese gesto a la otra mitad. La mitad que, sin tener siempre en la boca ese vocablo, lo lleva de la potencia al acto.
Por eso me dirijo, preferente pero no únicamente, a esa legión de damas que me leen diariamente (me encanta ser tan fatuo) y les pido ideas para definir la España a la que no le cuelga ni le sobra nada. Una imagen de EspAñA.
Gracias.

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Technoradas