jueves, septiembre 21, 2006

La Moral


Hace unos días hablaba Lula sobre ética, estética y moralidad. En el golf. Da lo mismo en el resto de la vida. Al fin y al cabo, todos salimos del tee y acabamos en el green (con varios palmos por encima).
Lo de la estética me viene grande. Desde los tiempos del cubismo, de Joyce o del dodecafonismo, no hay quien se aclare. O si alguien sí es capaz de hacerlo, me lo cuente por favor.
En cuanto a la ética y la moral, se han escrito Nilos de tinta. ¿Qué decir que no se haya dicho? Yo no sabría diferenciar sus definiciones, si es que realmente se diferencian. De hecho, el diccionario las mezcla. Los filósofos a veces se la cogen con papel de fumar para establecer las supuestas características de cada una.
De todas maneras, reproduzco aquí una inmejorable descripción de la moralidad. O de la ética. ¡Yo qué sé! Es un fragmento del libro quinto de la novela El aprendiz de conspirador, de Pío Baroja, que inserté como prefacio en mi primera novela.

«— ¿De manera que lo que tú quieres es conspirar, intrigar, andar a tiros?
— Robar algo si se tercia.
— Seducir infelices doncellas…
— Desvalijar las iglesias…
— Asaltar los conventos…
— Comer bien…
— Beber mejor…
— Jugarse las pestañas…
— Pello, permíteme que te lo diga, eres un bandido.
— Y usted otro.
— ¿De manera que para ti la moral no es nada?
— ¡La moral! Es una cuestión de estómago, don Eugenio.
— ¿Cómo de estómago?
— Sí, de estómago. Se tiene el estómago malo, pues uno es moral, porque no tiene uno apetito; pero se tiene buen estómago, y es uno inmoral necesariamente.
— Y ¿tú eres inmoral?
— En este momento, sí, porque tengo apetito.
— ¡De manera que para ti la moralidad es un catarro gástrico!… ¡Qué teorías! Eres un pagano, Pello. Bueno, vamos a comer.»
Pues eso.
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