viernes, septiembre 15, 2006

Poca vergüenza (o nada)


¡Cómo anda el patio, madre mía! Me refiero al literario.
El Falcones, el de las catedrales, no oculta sus vergüenzas (literarias) y le suelta a todo cristo, muy natural y buen rollito, que la novela, o eso, se la han hecho y rehecho veinte negros, uno detrás de otro. A un tal Javier Sierra, le bailan el agua porque dice que las novelas se leen por secuencias... ? ?? ??? ???? Y a la Sra. Etxebarria, doña Luci-Pepi-y-Bom, la ha pillado de lleno por abusar del copy-paste, emulando al Bucay o a Mac-AnaRosa-Windows, entre otros muchos ejemplos de, digamos, asimilaciones conceptuales.
Como diría mi abuela: ¿es que ya no hay vergüenza? ¿Ni un poquito sólo?
El pirata tuerto que enarbola la bandera negra no engaña a nadie; si le pillan sabe qué hay, qué le espera, y le mira a la cara al verdugo antes de vender caro el pellejo. Pero al meapilas que va de legal y encima mira que honesto y majete soy que lleno la saca a costa del prójimo tendrían que colgarle patas abajo hasta que le viniera la inspiración vía sueño eterno (eso sí, después de un juicio justo; primero se le hace el juicio justo y luego se le cuelga sin contemplaciones).
Dirán algunos de ustedes, mira el Fennando éste, qué envidioso e innoble que es. Lo que pasa es que él no vende ni un rosco y le pudre que los otros se hagan los forros de las chaquetas con billetes verdes. Pues igual sí, oiga, aún no me ha dicho nada al respecto mi psicoanalista.Pero yo sigo con lo mío: vergüenza, lo que es vergüenza, gasta muy poca el personal últimamente. Menos que Tarzán en corbatas.
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Technoradas