viernes, octubre 20, 2006

Quiero ser estúpido y escribir como un niño

Así me darán muchos premios, seré famoso y ganaré una pastizara todos los meses.
¿Cómo es eso?, me preguntarán ustedes, colmados de curiosidad. Pues, aunque no lo parezca, nadie piense que es un secreto. Lo descubrí ayer leyendo una entrevista realizada al rutilante premio Príncipe de Asturias de las letras Pablo Austero, publicada en el diario El Correo.
Para quien la pereza llegue al extremo de no mover el dedo para pinchar en el enlace, transcribo las afirmaciones del famoso y buen escritor:

La literatura no es un juego. Pero eso no quiere decir que no sea divertida. Yo no me la tomo nunca como una broma. Supongo que algunos lectores habrán encontrado placer, otros inquietud y los de más allá apasionamiento. Lo que sí he aprendido de la literatura es lo imbécil y estúpido que soy.
No es fácil escribir una novela. Puedes emplear de seis meses a veinte años. Tachas, rehaces, reescribes, borras y al final sale arte de esta profesión tan humilde. Todos los días me levanto de mi silla y exclamo: ¡Qué estúpido soy! ¿Por qué? Porque he empleado ocho horas en un párrafo que podía haberlo escrito un niño.

El caso es que este tipo de declaraciones que perpetran consagrados (y a veces no tan consagrados) escritores o artistas sobre lo desagradable que les resulta ejercer su oficio o, como es el caso, las tonterías que hacen para llegar a escribir como un niño (1), supongo que para hacerse los interesantes y mostrar un desapego sobre sus logros y éxitos, suenan a cartón piedra total y presumo son más falsas que un euro con la efigie de El Fary.
Así que, o esta gente habla para los iletrados profesionales (véase un post ilustrativo de esta calaña), o es que quieren quedarse con el personal. Por mí, como si se operan. Pero prefiero a los de lengua honrada. Una cosa es reconocer la ignorancia propia y otra autocalificarse de gilipollas (2); y una cosa es no creerse el copón de Bullas por escribir, publicar y ser leído (ahí es nada) y otra muy distinta dárselas de pobre diablo insultando al montón de gente que quiere dedicarse a este quehacer con humilde compostura.
No vean la impaciencia con la que espero que mis piratas aprendan a escribir (aunque no lean). Y estoy repasando todo el repertorio de calificativos del capitán Haddock para autocalificarme en las entrevistas. Me voy a hinchar de galardones. Al menos hasta que me acusen de explotación infantil.

_________________________________________________

(1) Desde que el tomapelos de Joan Miró puso de moda esa tontería no para de repetirse aquí y allá.
(2) Salvo en los casos puntuales y excepcionales en que uno mete la pata en algún asunto personal o profesional.


___
___
Technoradas