viernes, noviembre 24, 2006

Donde las dan las toman


Quizá la mayor parte de ustedes ya conocen este truculento artículo aparecido en El Semanal hace algunas semanas, escrito por el tantas veces ensalzado como vituperado Pérez-Reverte, entre otras cosas porque, en buena lógica, todavía colea.

El comienzo del suelto es lo mejor:

Resulta que acabo de zamparme algo escrito por un tal García-Posada. Se trata de una primera novela –La sangre oscura–, digna de olvido de no darse una deliciosa circunstancia: su autor es doctor en filología hispánica y presidente de la asociación de críticos literarios españoles, nada menos. Así que calculen con cuánto interés me la eché al coleto. A fin de cuentas, razonaba, si este crítico ilustre dedica su vida a enjuiciar libros ajenos, explicando a los autores cómo deben escribir, su novela será una lección magistral sobre el modo de hacer las cosas en cuanto a estilo, estructura, personajes y otros ingredientes que, por su oficio, mi primo conocerá al dedillo. A ver si se me pega algo.

Si alguien no tuvo la oportunidad de leerlo y le pica la curiosidad, puede hacerlo aquí.

El caso es que, como todas las opiniones humanas, ésta del afamado académico puede resultar rechazable y ser calificada de desproporcionada, como ya he visto por ahí. Pero, qué quieren que les diga. Si uno es crítico profesional, hacer este salto de la crítica a la publicación es muy, muy arriesgado. Creo yo. Si uno va por la vida proclamando solemnidades tales como «No quisiera dar nombres, pero la gran literatura es la única por la cual merece la pena luchar, aquella que parte de la trascendencia humana» o viene a denunciar, como parece pretender con su novela, el asalto deliberado a la literatura grande por parte de la insustancialidad, se expone a estas penosas circunstancias, máxime si luego endosa virtualidades literarias del tipo «Me pasaba entonces mucho, pasaba mucho dentro de mí, y me pasaba bastante más de lo que entonces podía saber que me pasaba».

De todos modos, con lo que no estoy conforme en absoluto, en cuanto al contenido del artículo se refiere, es con eso de «vale la pena que se vendan cien o doscientos ejemplares de la novela, e incluso más». ¿Por qué ese señor tiene que vender diez veces más que yo?


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