viernes, noviembre 24, 2006

Las otras sensualidades de las letras


Vía con valor les hago llegar esta grande y pulida perla lanzada al cibervacío por Pablo Doberti en sus Letras Libres.
Para abrir boca, esto:

Muerdan o no, está claro que la gafa fórmula “los libros no muerden” no mueve a nadie a la acción de leer, y que incluso aleja de la lectura a cualquier aspirante en fase de vacilación. Si en cambio nos atreviéramos a plantear que los libros –al menos algunos– muerden rico y ponen piel de gallina en los lectores, quizás la cosa podría ser diferente. (...) A las letras nos toca inquietar; nos toca provocar, problematizar; movilizar, seducir; nos toca abrir, pues, en lugar de cerrar. Pero es que los seres humanos necesitamos más de las preguntas que de las respuestas, de las aperturas a la incertidumbre que de los resguardos asfixiantes en éstas y aquellas certezas. Los libros (como en todo, los buenos libros) empujan a lo incierto y a lo ambiguo, ensanchan el mundo del lector, complejizan sus refugios. En este sentido, los libros no ayudan, ni mucho menos “autoayudan”. Los libros hacen, constituyen; los libros nos arrojan.


Léanla. Puede que les haga un granito de arena más felices; puede que vean con otros ojos nuestras pacientes bibliotecas familiares; lo seguro es que les aportará nuevas ideas para redoblar las pasiones que sienten por sus respectivas parejas (de toda índole: fijas o fugaces, legales o fácticas, etc.).

Hasta aquí, el aspecto apto para sofistas como servidor. Las conclusiones del pitagórico Txetxu, recomendables para reflexionar.


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