viernes, enero 19, 2007

El meme de la cocina



Aclaración previa: este post es una humilde continuación de los publicados por S.M. en Sección Femenina y por Julen en su taller de artesanía, y como bien dice este último, me temo que han de tener cierta edad (ustedes deciden cuánta, mesdames) para comprender la afilada nostalgia que rezuma.


En la cocina está el hogar (*). La frase tiene un fácil doble sentido. Pero así fue durante muchos años en estas latitudes. Las familias que, en aquellos tiempos de hambre, luego de pobreza, más tarde de esperanzador desarrollismo y finalmente de utilitario y domingos campestres o playeros, carecíamos de comedor en nuestros hogares (mayoría aplastante, por supuesto) hacíamos girar nuestras vidas en torno a la cocina. He empleado el pasado en todo el párrafo excepto en la primera frase, lo cual no tiene mucho sentido. Así que corrijamos: en la cocina estaba el hogar.

Mientras intentaba enfocar estas líneas, estaba pensando en todas las substanciales, irreemplazables cosas que aprendí en la cocina, con mis padres, al calor del hogar, del sonido de la radio, del vapor de la cafetera, del bullir de los pucheros a fuego lento, de las primeras matemáticas, de los ríos, montes y provincias de España, de las canciones de Massiel, Nino Bravo o Luis Aguilé. En la cocina, aprendí a leer (en periódicos, por cierto), a escribir, a escuchar música (desde Clásicos populares hasta las coplas que cantaba una vecina y se oían por el patio), a intercambiar palabras (más tarde supe que a eso se le llamaba conversación), a cantar, a jugar (aunque sí tuve juguetes, las pinzas nunca tuvieron rival durante los primeros años), a cocinar (a fuerza de hacer de pinche de mi padre), a desarrollar los cinco sentidos básicos, a…

Tras un infructuoso intento, por lo inabarcable, después he decidido enumerar las cosas que no aprendí en la cocina, porque sería mucho más rápido y breve. Pero he aquí que, después de unos cuantos minutos en los que se atisbaba ya un ligero humillo saliendo por las orejas, no he podido extraer más que simplezas.

Sentencia Julen que la cocina ha perdido la batalla. Hoy todas las cocinas se han reducido a habitáculos para prestaciones funcionales básicas… ¿Todas? ¡No! Al menos una cocina poblada por una irreductible familia resiste todavía y siempre al progreso invasor.

Servidor de ustedes y su excelsa legítima somos irreductibles animales de costumbres. Pocas cosas habrá que no hagamos como las hacían nuestros respectivas madres o, en su caso, padres; lo que, unido a la simbiosis en que nos embarcamos tiempo ha, no podía dar otro resultado que la resistencia negociada frente a las hordas del progreso multimedia y las nuevas tecnologías.

En la cocina de nuestra casa se sigue oyendo la radio, pita la cafetera, se canta, se pinta, se baila, se plancha, se ama (no en plan El cartero llama dos veces, sino de un forma candorosa, elaborada), se conversa, se aprenden letras, se escriben relatos o informes, se invita a los amigos de verdad…

Gracias por tu pregunta, S.M.: ¿Hay alguien que no sepa dónde está el corazón de una casa?
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(*) DRAE: 1. Sitio donde se hace la lumbre en las cocinas (…). 2. Casa o domicilio.
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