jueves, enero 25, 2007

Mi lado femenino (I)


Llamo mi lado femenino a esa apacible región de mi entendimiento gracias al cual la comunión de ideas con esa mitad femenil de mis congéneres me resulta más fácil de establecer que con la mitad varonil, exceptuando de ésta a aquéllos que disfrutan igualmente, en mayor o menor grado, de esta doblez de género.

No pretendo con esto invitar a una ronda de feminismo de garrafón, ni mucho menos apuntarme al mariconeo de teleserie de producción nacional (1). No. Sólo quiero referirme a una cuestión personal: una perceptible aproximación (que no identificación: no llego a tanto con mis limitados recursos) a la orilla femenina en cuanto al modo de intuir algunos hechos, al enfoque del pensamiento o a la valoración de sensaciones. Algo que, claro está, no es ni bueno ni malo. Una más de las circunstancias que componen mi yo y que no siempre es fácil de sustentar.

Sin duda, la principal responsable de esta circunstancia es alguna Salmacis y al intensivo tejido de tramas mentales y emocionales que me han definido desde la primera mujer de influencia indefectible para toda persona nacida de mujer (operación cesárea incluida, que esto no es Macbeth (2)), a saber, mi señora madre.

No obstante, como quiera que ciertas artes han ejercido sobre mí un atractivo nada desdeñable (nadie es perfecto), pueden citarse varios nombres femeninos que han reclamado su cuota, reducida pero visible, en este negocio. Tanto en ésta como en muchas otras coyunturas de los ríos humanos (3), es durante la práctica de la retroinspección cuando se verifican los recuentos y se extraen las conclusiones.

Y son cuatro, en concreto, los nombres a citar, uno ficticio y tres verdaderos: Nora Helmer, Jane Austen, Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun y Élisabeth Jacquet de la Guerre. Van del siglo XVII al XIX. Como ven, rabiosa vanguardia que destila este francotirador a su servicio.

Mi intención es realizar de ellas todas una breve semblanza en entradas venideras de este blog.

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(1) Si alguien conociera la realidad sólo por los programas de televisión, al estilo del protagonista de Bienvenido Mr. Chance, pensaría que en este país todos los homosexuales son idiotas.
(2)
“Macduff was from his mother's womb/untimely ripp'd”. Macbeth, acto V, escena VIII.
(3) Nuestras vidas, al decir de Jorge Manrique.

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