jueves, febrero 01, 2007

Arqueología librera

Son imágenes entrañables. Al menos para un histérico de los libros como es s.s.s.

Ésta primera es de J. A. Millán, quien la colgó en una llamativa entrada sobre los nichos del libro, de su más que interesante blog, y, al parecer, está tomada en el corazón del barrio de Chamberí.






¿Quién se atreve a decir que aquí detrás no hay libreros? ¿Quién se atreve a afirmar que su trabajo es más fácil y sencillo que en una gran librería de ciudad? Todo es complejo y poliédrico.

Esto último es lo que se pregunta Txetxu, mi swami en el mundo del libro, en una entrada previa y relacionada con la anterior, en la que figuraba esta otra imagen.





Contemplando esta fotografía me imagino una perfecta manera de empezar la mañana:

— Buenos días, doña Bienve. ¿Me pone libra y media de sobaos, ?
— Buenos días. Cómo no. ¿Qué? ¿Ha empezado ya con En picado, de Hornby que le recomendé?
— Sí, por supuesto. Y sólo me quedan unas sesenta páginas. Si no me lo he terminado es porque me está gustando tanto, que he decidido racionarme las páginas para que me dure más.
— Pues usté verá, Fernando. Pero aquí le tengo esperando un par de Pamuks que me encargó, y alguno ya me los quiere quitar de las manos.
— Vaya por Dios.
— Ya sabe, con esto del Nobel... Los he tenido que meter aquí, debajo del mostrador porque, si no, vuelan. A ver... así, libra y media. ¿Algo más?
— Eh... y una barra de pan. Me parece que me voy a llevar los de Pamuk, a ver si me voy a quedar sin ellos. Cóbreme todo junto.
— Pues ayer empecé con el último de Vargas Llosa. Ya le diré a ver qué tal. Tome, no se olvide el cambio. ¡Y la bolsa con los sobaos! ¿O es que se va a desayunar El libro negro mojándolo en el café?
— Pues mire, igual no estaba mal del todo. Y a lo mejor se me pegaba algo.
— ¡Ay, ay, ay!, esa cabeza dónde la tenemos.


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