martes, marzo 13, 2007

calladas y sin llamar la atención de nadie


Hay lo que hay. Y uno no puede dejar de reflexionar sobre ello.
No puedo dejar de reflexionar sobre lo que hay. Cuando ahora leo periódicos y revistas, no salgo de mi asombro. Abunda la gente ensoberbecida que va por ahí censurando a los demás, sin detenerse ante la calumnia. «Ese tío ha tenido la culpa, por eso nos va como nos va». Así sentencian de todo, creyéndose ellos más que nadie, justo con la arrogancia de un país que hubiera triunfado en la guerra. No obstante, la mayoría de los que dicen tales cosas, son gente que no se ha destacado en particular por su actitud durante la contienda. Gente que ahora dirá lo que quiera, pero que en realidad se puede permitir unos lujos en modo de vida y demás, que están vedados al resto de sus compatriotas.

Por otra parte, hay personas como aquel veterano, que nunca salen de su situación. Siempre están trabajando en silencio. La gente encumbrada suele decir que ese silencio es intolerable, pero yo en realidad lo considero muy superior a la actitud de los que se pasan las horas defendiendo a voz en grito sus propios intereses por todas partes. Por muy caótico que nos parezca el estado del mundo, siempre hay personas que trabajan muy calladas y sin llamar la atención de nadie. Y ¿no son estas personas precisamente las que constituyen la nación? ¿No es cierto que cuantas más sean estas personas, tantas más posibilidades tendrá el país de levantarse; y que si estas son pocas, la patria no podrá rehacerse?

Estos párrafos están incluídos en El arpa birmana, un libro del escritor japonés Michio Takeyama. ¿Será de verdad japonés, o es un alcarreño (o un valenciano, o un lucense... incluso un vasco) con seudónimo?

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