viernes, marzo 30, 2007

La montaña mágica. La muerte.

Hace poco Julen nos ha hablado de la muerte en una emotiva entrada. Cuando oímos hablar de esta labor de las parcas en un tono cercano, raro es que no pensemos en ella de un modo u otro, con mayor o menor intensidad. Y más raro aún ha de ser el hecho de que no despierten ideas o sentimientos contradictorios, de una contradicción incómoda para nuestro (eso pensamos, ilusos) temporal alejamiento de tan inexorable tránsito.


No me siento capaz —por impericia, no por aprensión— de disertar sobre un tema minado con tópicos, desvaríos y lógicas subjetividades. Pero para eso están «los pocos sabios que en el mundo han sido», magíster dixit. Y han escrito.

Me contentaré con reflejar dos citas de La montaña mágica, de Thomas Mann, que expresan con bastante claridad esa ambivalencia que, al menos a como un servidor y a algunas otras personas afines, le produce la idea de la muerte.
La muerte era de una naturaleza piadosa, significativa y de una belleza triste, es decir, espiritual; pero al mismo tiempo era de otra naturaleza, casi contraria, muy física y material, y entonces no se la podía considerar bella, ni significativa, ni piadosa, ni siquiera triste, sino más bien ruin, indignamente corporal.

Permítame que le diga que la única manera sana y noble, es más, la única manera religiosa de considerar una muerte consiste en encontrarla y en entenderla como una parte, como un complemento, como una condición sagrada de la vida, y no (lo que sería lo contrario de la salud, la nobleza, la razón y el sentimiento religioso) en separarla de ella, en hacerla un argumento contra ello. Los antiguos decoraban sus sarcófagos con símbolos de la vida y la fecundidad, incluso con símbolos obscenos. En la religión antigua, lo sagrado se confundía con frecuencia con lo obsceno. Aquellos hombres sabían honrar a la muerte. Mire, la muerte es digna de respeto, como la cuna de la vida, como el seno de la renovación. Pero opuesta a ésta y separada de ella se convierte en un fantasma, en una máscara o en una cosa peor todavía, pues la muerte entendida como una potencia espiritual independiente es depravada; su atractivo perverso es indudablemente muy fuerte, y sería sin duda el más espantoso extravío del espíritu humano querer simpatizar con ella.
___
___
Technoradas