jueves, abril 26, 2007

Mi día del libro (I)


Como bien sabe el puñado de visitantes de este rincón, uno es de pueblo. Como mi swami. Por eso, en el Día Mundial del Libro yo me limito a hablar de la feria de mi pueblo, llamado Getxo (*).

Aquí la feria del libro se hace coincidir con la fecha de San Jorge. A diferencia de la mayor parte de las que se celebran en el País Vasco, en ésta participan solamente las librerías del municipio junto con la red de bibliotecas municipales. Ello supone un mayor coste para el Ayuntamiento, organizador único del evento, pero implica una satisfactoria rentabilidad social en cuanto al firme apoyo a estos arriscados fenicios culturales.

Otro de los atractivos de esta mi feria es la de ofrecer estímulos para esos seres de 0 años en adelante: juegos, animaciones, cuentacuentos, maquillajes, cuentos impresos (en la caseta de las bibliotecas), talleres, pinturas y hasta camas elásticas; todo ello integrado con acierto entre las casetas de las librerías. Siempre que se aterriza por allí, cada miembro de la familia saca algo en claro.
Spiderman no faltó a la cita.

Además, el conjunto de actividades gira en torno a un tema concreto cada año. Este, en concreto, se ha dedicado al Circo: casetas adornadas con motivos ad hoc, amimadores disfrazados de payasos o domadores, una carpa conteniendo una especie de ludoteca circense y cuentistas actuando sobre un trapecio. ¿Se imaginan cómo se lo pasan los rebeldes sin causa? Los míos, voto a tal, repitieron.

Coloreando y emborronando. Así empezaron muchos antes de ir a Montmartre.

En esta ocasión, el abajo firmante ha tenido un aliciente añadido: contar con la presencia de una novedad editorial con mi nombre. La gente del aula de cultura municipal se portó formidablemente cuando se lo hice saber y repartieron algunos carteles por el recinto con la portada del libro. Y Delia, la incondicional librera de mi barrio, Aiboa, ha vendido los primeros ejemplares de esta edición. Como diría el doctor Maturin, que la Virgen María y San Patricio les bendigan.


Delia, librera fiel y leal.

Quizá todo esto les resulta empalagoso y gazmoño; y, a lo peor, tienen razón. Pero, qué quieren que les diga: me hace feliz compartirlo con ustedes.

Contando cuentos sobre el trapecio.


Lágrimas de Eurídice en el puesto de las bibliotecas.

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(*) Pronúnciese (o, en su caso, escríbase) Guecho, y no Jetsho como hizo años ha una amiga valenciana.
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