jueves, abril 26, 2007

Mi día del libro (y III)


Cumpliendo con la tradición, en mi familia se contribuye a la hipotética bonanza de la industria editorial adquiriendo una o varias unidades encuadernadas llamadas libros, dependiendo del humor o el cociente entre el grado de tentación (siempre elevado) y la templanza en el gasto (variable e inestable), aunque rara vez atendiendo a la condición de novedades.

Este año han sido tres las adquisiciones, de muy distinto pelaje y estilo, aunque iguales en el grado de satisfacción producido.

Las mujeres, que leen, son peligrosas, de Stefan Bollmann, Maeva Ediciones. Delicioso. El prólogo de Esther Tusquets, algo decepcionante, dado el alto grado de juego literario que, entiendo, puede dar este sugestivo título (en el que también echo en falta el juego que pueden dar las comas con su presencia o ausencia). Catalogado para toda la familia.



¡A la cama, monstruito! Off to bed, little monster¡, de Mario Ramos, Corimbo (bilingüe). Un cuento que transciende lo delicioso, convirtiendo lo real en un juego humorístico y lúcido. Los avatares de la ceremonia del acostarse entre un padre y un niño que se transmiten sus respectivas condiciones de monstruito y papá monstruo. Ayer se lo leí al pirata antes de acostarse y el descojono fue de antología. Para el sector radical de la familia.



84, Charing Cross Road, de Helene Hanff, Anagrama. Así es como quisiera escribir algún día; con esa sencillez elegante y espontánea. Para el sector fajado y baqueteado en un sinfín de singulares batallas lecturas.

Sean felices. Al menos durante sus ratos de lectura diaria, semanal, mensual, anual...



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