martes, mayo 29, 2007

Ingeniería genética


Fue ayer, después de leer el comentario de un lector de Divergencias, cuando caí en la cuenta del escaso y relativo valor del excesivamente ponderado libre albedrío. Sí, ese que nos lleva a tropezar una y otra vez con la misma piedra (la de Sísifo).
Dicho comentario hacía referencia a la hija del escritor Juan Marsé y a un libro de relatos publicado por Anagrama. Llevado de mi irresistible curiosidad (menos mal que no soy un gato, porque no me bastarían ochenta vidas) entré en la página de la editorial y di con la reseña de vida y obra de la autora.
Berta Marsé nace a finales de noviembre del año 1969, en Barcelona. Hija de escritor y extremeña. Durante algunos años trabaja en (…)
No pude continuar ante la magnitud de la revelación.
Tratándose de una editorial seria y de prestigio, la referencia genética no puede ser casual. Ahora bien, uno, que de estas cosas de la vanguardia científica no sabe de la misa la media, se pregunta qué hubiera sido de esta superior colega de haber tenido una progenitora onubense o calagurritana. Y, por más juicio y fuerza de carácter que imprima el hecho de descender de una siempre noble extremeña, si el ascendiente masculino no fuera escritor (y bien reconocido), ¿hollaría alguna vez el pedestal de la gloria editorial?
Claro está que, a partir de ahí, es la imaginación la que toma el mando. ¿Cuál es el destino de cada cual? ¿Estará realmente condicionado por la genética progenitora? Porque las combinaciones son infinitas: cocinero y orensana; legionaria y bilbilitano; tenor y senegalesa; ministra y hondureño; colillero y neerlandesa… ¿Cuáles de estas innumerables combinaciones traen consigo la gloria y cuáles llevan a la perdición?
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Technoradas