miércoles, julio 11, 2007

Cuento de hadas: La Regenta en Chamartín


Vía Con Valor.

Para quienes pensamos en las librerías como algo más que un necesario local de comercio, reconocemos en ellas parte de nuestras vidas (nuestras muchas horas, felicidad en líneas, misterio, estrellas a las que enganchar nuestro arado), es gratificante saber que las hadas y los duendes se escapan de vez en cuando y las lían pardas.

Gratificante y confortadora historia. Porque da esperanzas:

«“Cuando mis hijos me piden dinero para libros nunca les digo que no”, confiesa una clienta mientras Álex, de ocho años, pregunta “si hay algo nuevo de los romanos”. Y entonces Marisa se acuerda de una vecina de Chamartín “que ya desde niña sabía lo que quería”. Venía los sábados a charlar y anunciaba: “Tengo en la hucha tanto, a la semana que viene vengo y me compro este libro”. Cumplía su palabra. No sabes cómo disfrutaba ella y nosotros al verla contenta.»

Y es que esas personas fuertes y obstinadas, caballeros y damas de digo y hago, son (serán) nuestros Trescientos, ese pelotón de soldados que a última hora siempre ha salvado la civilización (occidental), desde los hoplitas de las Termópilas hasta los 148 españoles al mando de Leclerc que desembarcaron en Utah Beach, izaron la tricolor en el Ayuntamiento de París y orinaron en el sillón del despacho de Hitler en Berchtesgaden. El único freno frente a un porvenir que negrea de forma implacable el presente.

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