viernes, agosto 10, 2007

La condición humana (IV). Una situación límite.


Al intentar conquistar la cima de un imponente pico, K se ha encontrado con una difícil pared por la que tendrá que ascender si quiere alcanzar con éxito su objetivo. La inexperiencia le hace dudar de su capacidad para seguir adelante. Pero, al mirar hacia abajo, comprueba asombrado cómo el camino de regreso se ha transformado en una vertical insondable por la que no podría descender con los escasos e inapropiados pertrechos que lleva encima. Lo que hasta entonces parecía una ruta sin grandes obstáculos ni complicaciones se ha convertido, a cada paso ascendente, en un pasaje impracticable.

Dado que no hay o, al menos, no conoce más rutas, K se enfrenta a una grave alternativa. Si intenta retroceder, se despeñará a buen seguro. Y si intenta seguir adelante, puede que se despeñe igualmente por la pared que tiene ante sí, pero también cabe la posibilidad de que llegue hasta la cima; para ello necesitaría aunar su fe y su fuerza de voluntad, considerando, además, que un error o una duda a destiempo pueden conducirle a un resbalón fatal. Si consiguiera alcanzar la cima, llenaría su vida de experiencia y con un triunfo que nadie sino él podría enarbolar.

No hay otra solución factible. Pero, qué duda cabe, tampoco es difícil imaginar otras completamente utópicas e irrealizables. Por mucho que sueñe, despierto o dormido, a K no le van a crecer alas.

Ante esta situación, no puedo dejar de imaginar que yo fuera un escritor y K mi personaje. Sería entonces una especie de dios para él. Pero la omnipotencia, así y todo, tampoco podría ofrecerle nuevas rutas vitales, so pena de negar la inmanencia de mi propio ser. Y la alternativa se volvería contra mí.

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