miércoles, octubre 17, 2007

Del odio y otros odios

Mak me ha endosado un meme asaz punzante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto,
pues me quiere cazar el muy tunante
con los odios que llevo en mi coleto;
y yo, que ante todo soy un pedante,
entro al trapo como un corniveleto.
Después de este alarde de Poesía al alcance de todos los bolsillos, he de abrir la puerta de mi id o ello para porter à l’écran todos o parte de mis trapos sucios. Hablando claro: me reta a confeccionar una lista de diez cosas (o personas, ideas, sucesos, etc.) que odie por encima de todo, supongo que para dejar al descubierto toda la inmundicia que oculto bajo capas y capas de buenismo bienpensante y literatura de garrafón.
El caso es que Odio, lo que es Odio real, aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea, sólo lo siento por una clase de personas: quienes causan dolor a otras persona deliberada, gratuitamente y con abuso de superioridad. Violadores, genocidas, maltratadores, mafiosos, psicópatas... les odio profundamente, con todas mis fuerzas, hasta exasperarme, hasta la insensatez.

Odio real aparte, cumpliré con el trato con esta lista de odios menores, cuyo orden no es el de importancia, sino de pensamiento:
1. La descortesía. No especialmente en el aspecto de falta de etiqueta, sino en el de diccionario: la falta de demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.
2. La falta de profesionalidad. Esta enfermedad que afecta a gran parte de la ciudadanía de los alrededores no es sino la principal fuente de conflictos, malos humores y atasco de los tribunales de justicia.
3. Al ignorante osado. Es decir, al que hace alarde de su ignorancia y la esparce como la peste. ¿Ejemplos? Vean los noticieros. O, incluso mejor, los suplementos literarios y las secciones de cultura (por ejemplo).
4. El ruido. ¿Quién que ame el silencio no puede odiarlo?
5. Los móviles que suenan en reuniones, conciertos, teatros y cines. Pero, puestos a odiar hasta el límite, a quienes incluso contestan la llamada (véase el punto 3).
6. Los dueños de perros que siembran de mierda aceras y parques.
7. El dogma (DRAE: Proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable), sea religioso, político, cultural, profesional o en cualquier otra variante posible.
8. El hecho de que nunca mueran los malos (salvo en las películas). Aunque este mundo está infestado de hijueputas, y todos los días palmen semejantes a miles de miles, todavía estoy por ver que alguno de éstos haya sido más malo que Falconetti.
9. La sordera voluntaria. Es el efecto visible de la cerrazón de mollera y da lugar a inacabables pseudoconversaciones e intercambios de monólogos.
y 10. Odio odiar.

No sé yo si con esta confesión general el blogbloguero buscaimposibles va a chincharse y rabiar, creyendo que le doy gato por liebre y me salgo por la tangente(*), pero esto es lo que hay.

Ah, y como toca pasar la bola, vayan por delante Noemí (me froto las manos), Pompasdejabón (para que pinche algunas) y Ana (por lo mismo que me lo ha pasado Mak a mí). Hala, pues, a odiar un ratito, mesdames.

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(*) Nótese la utilización de un lenguaje atrevido y original.

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