martes, noviembre 27, 2007

Estupefacientes (XII). Roma


Les ruego me disculpen si no les devuelvo los comentarios ni cumplo con mis habituales y gratificantes visitas a sus hogares virtuales hasta la próxima semana, querido vecindario. Ocurre que hasta el próximo domingo sólo estaré localizable vagando por los amenos lugares indeterminados e indeterminables que abundan entre la Villa Borghese y el Trastevere.
A solas con mi dueña.
Una breve retirada estratégica para apuntalar nuestras defensas frente a los embates de amor primigenio, ciclópeo, anegado en sabiduría e inocencia, con que esos dos piratillas que ya conocen, fanáticos integristas del carpe diem, han bigbangueado nuestra vida (en singular, única, común); tiranos anarquistas que, sin duda alguna, reducirán al mínimo la resaca que nuestras neuronas (en plural, necesariamente distintas) van a disfrutar con ese colocón de Roma que nos vamos a pimplar así, a palo seco.

Mientras tanto, sean felices. A ser posible.

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