lunes, noviembre 26, 2007

Michael Clayton

Sinopsis.

Una buena película; eso sí, made in Hollywood. Recomendable.

Pero, me preguntarán ustedes, ¿dónde demonios ve usted la buena película? ¿En la típica historia de galán protagonista que se convierte en el típico héroe filántropo de la noche a la mañana a través de la típica lucha final entre David y Goliath? ¿O es que nos está provocando de nuevo, señor francotirador? Buenas preguntas que, con su permiso y como de costumbre, responderé con mi humilde y opinión.

No niego las objeciones enunciadas, ni este claro y poco oculto talón de Aquiles de Michael Clayton. Ahora bien, en cuanto al galán protagonista, es bastante satisfactorio(*) encontrarse con un (attention, mesdames!) George Clooney muy desmejorado, avejentado, de mirada perdida en el pesimismo y que no es capaz más que al borde de los títulos de crédito de esbozar una pequeña sonrisa. Galán que adquiere una condición muy poco heroica y aún menos altruista, por cuanto que la lucha que mantiene contra una poderosa industria química es casi personal, provocada por la caída de un amigo y continuada únicamente para salvar el pellejo; y que acaba felizmente sólo por un cúmulo de casualidades, de esas que sólo se dan, muy de vez en cuando, en la vida real, y sin ese clímax final de persecuciones, tiroteos o ingeniosidades de última hora del protagonista y/o la chica gritona (si acaso, sale a flote gracias al despreciado hermano drogadicto y al despreciador cuñado poli). Por no hablar de la mala-malísima de la historia, encarnada por Tilda Swinton, que pasa las de Caín no por ser tan mala, sino PARA ser tan mala, rasgo de carácter que entronca directamente con lo visto en El método Grönholm y otras parábolas de nuestro tiempo.


Por otra parte, a diferencia de estas pelis de conciencia o denuncia que produce la industria del Imperio matriz, no se dan mascaditos los datos al espectador ni hay una deriva previsible de la historia (salvo, quizá, en el metraje final y a causa de una inversión temporal narrativa). El consumidor pasivo habitual de las ristras choriceras con que ensucian el celuloide las producciones que acaparan la cuota mayoritaria de las pantallas se verá molesto e incluso confundido por el desarrollo de la trama, más allá de saber que el Clooney es el prota y los demás... ¿son todos malos?, ¿son buenos? ¿El Sidney Pollack es malo o es de los buenos? ¿Y no hay chica? Qué rollo, qué lío. Y es que, a mi entender, la denuncia de grandes emporios empresariales sin escrúpulos y sus ocasionales barbaridades criminales es un motivo secundario de este largometraje; el tema principal es el desperdicio al que, en medio del desbarajuste, la infoxicación y el vértigo de nuestro tiempo, se someten muchas vidas humanas persiguiendo espejismos de Eldorado y becerros de oro.

Un guiño significativo: la empresa de los malos se llama UNorth.

En fin, no será una obra maestra, pero sí un producto de nuestra imperfecta, corrupta y bendita democracia muy superior a la media de lo que nos ofrecen los multicines en la actualidad. Burgués que es uno, ya ven.

Ah, y por ser bueno y quedarnos (como siempre hacemos) hasta el final de los títulos de crédito, pudimos saber que el amigo Clooney mitiga sus cuitas con trajes de Canali.

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(*) Satisfactorio porque me acerca a este cotizado ejemplar un poco más allá del tipo de corte de pelo y las canas.

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