jueves, febrero 14, 2008

Del amor: tópicos, mentiras y falsedades (y III). Voluntad y deseo.


—¿Y dices que es verídica esa historia?

—Eso parece. La propia lady Mary dijo haber entablado amistad con la dama en cuestión y conocido los detalles de primera mano. En cualquier caso, lo que más me llama la atención del relato es la contestación de la dama al bajá. Ella no tenía en tanta estima su libertad como su honor, al menos en tales condiciones. Por eso, haciendo valer su condición de amada, pidió al amante la restitución de aquello que más valoraba en la vida... Algo que debería ser lo normal en toda relación amorosa. Si hubiera apreciado más su libertad, se habría marchado. Además, hay que... extrapolar, por así decirlo, las conclusiones de esta historia en varios sentidos. Por una parte, no hay que olvidar que estamos hablando de principios del dieciocho. Piensa en la mentalidad de la época y verás como no resulta tan fácil dejar tu país, tu familia y todo lo que eres para desposar con un infiel que previamente te ha deshonrado.

—Sí, pero el destino que le esperaba no era su familia y una vida normal, por lo que has dicho.

—Cierto. Pero creo que la educación, las costumbres y los condicionantes sociales y religiosos con que vendría cargando desde su infancia no le pusieron nada fácil la elección a aquella dama.

—Entonces... —volvió a ponerse las gafas y se quedó pensando un momento, tratando de encontrar argumentos y palabras con que vestirlos— se trataba de una elección de conveniencia, no de sentimiento. No se casó enamorada del bajá.

—¡Pues claro que no! Ni falta que le hacía. Le sobraba tiempo en lo sucesivo para enamorarse de él... y seguir enamorándole hasta el fin de los días.

—Ya estás con tus boutades.

—En absoluto. Creo firmemente en lo que digo. ¿Acaso en España o en cualquier otro lugar encontraría a alguien dispuesto a amarla como Ibrahim? Muy dudoso, ¿no? Opino que hizo lo mejor. Lo hizo de manera formidable. Obligada a elegir entre lo malo y lo peor, consiguió optar por lo bueno.

—Pero no se trata sólo de ser amado, sino de amar.

—Es lo mismo. El amor es el mismo. Si recibes amor de alguien, ¿por qué no tomar ese mismo amor, hacerlo tuyo y devolverlo? ¿Incluso con creces? Según dice un proverbio chino, el amor es lo único que aumenta cuando se comparte con los demás.

—Esto último me parece muy bonito. Pero me estás diciendo, por otro lado, que el amor puede ser un acto voluntario.

—Definitivamente.

—Nunca había oído semejante… —ella se interrumpió bruscamente.

—Semejante disparate.
—No, no...

—No te preocupes, no me molesta. Lo he oído en otras ocasiones y sé que lo parece, pero me da igual.

—No, quería decir eso. No creo que eso a lo que te refieres sea amor de verdad, aunque no sea apasionado o como lo llames. Será cariño, ternura, amistad… pero no un amor auténtico.

—Ah, explícame la diferencia.

—Es... es tan obvio —gesticuló con las manos y meneó la cabeza.

—Es tan obvio que quizá no haya una diferencia sustancial. O ninguna diferencia.

—¡Eso es juego sucio! A ver, dime entonces cuál es tu idea del amor, aparte de esas similitudes.

—No es fácil, lo admito. Eso que se entiende comúnmente por amor no es sino la amistad revestida con los aparatosos adornos del sexo, lo que, por cierto, no está nada mal. Pero no es mi ideal del amor perfecto. Yo, por dar una imagen, diría que lo ideal es un equilibrio… digamos igualitario, un pacto de amistad sólida, plácida, duradera, que ha de desembocar en una necesidad reconfortante de estar con la persona amada todo el tiempo posible e imposible.

—Una amistad vivida en común.

—Y si es con un contrato de por medio, miel sobre hojuelas.

—¡Lo que faltaba! —saltó estupefacta— ¡Matrimonio de conveniencia!

—Yo no soy partidario de nada. Aunque sí recuerdo lo que decía mi abuela Elena en al respecto: «Matrimonio de amor, vida de dolor».

—Bah, sí, también yo te podría citar frases por el estilo, pero son cosas del tiempo de nuestras bisabuelas. Hoy en día me parecen ridículas. Claro, salvo para los enemigos del amor apasionado.

—Pero yo sigo insistiendo: ¿qué es eso del amor apasionado? Tan sólo una tormenta bioquímica. Una asociación de hormonas y neuronas. La pura realidad es que esa supuesta pasión no es más que una combinación de serotonina, endorfinas y otras drogas que produce nuestro cerebro, que segrega la hipófisis cuando llega el contacto físico. Todas esas señales y secreciones las interpreta la corteza cerebral, y no otro órgano ni esencia anímica…

—¡Ay! Tú has tenido que ser muy aburrido. No me extraña que… —detuvo a tiempo su sarcasmo; sería un golpe bajo.

—Sí, así me ha lucido el pelo. No te cortes. Comprendo que este planteamiento tan rudo sea interpretado por algunos poetas como algo sublime, transcendente, como una de las cualidades que distinguen al ser humano de los demás seres. Pero sólo es eso, una licencia poética.

Ella no pudo reprimir un punto de amargura en su silencio, que no pasó desapercibido para él. No quería aceptar una reducción del amor a una corriente cerebral; no, esa especie de charla epistemológica sobre el amor no podía ser la verdad esperada durante tanto tiempo, la salida en falso de tamaño laberinto. Y si lo era, la rechazaba con todas sus ganas.

—Dime que no es así...

Ella decidió en ese instante soltar las riendas, abandonar el timón y esperar pacientemente. Ver dónde acababa todo, adónde le llevaba esa resaca incontenible. Porque sabía, para su tranquilidad, que nunca acabaría contra las rocas. No con él, no con alguien acostumbrado a ir dos pasos por detrás de su libre albedrío. ¿Por qué no correr entonces un riesgo dominado, sostenido? Por una vez siquiera. Quería saber cuánto podía ganar sin temor a perder.

— ...que no lo crees de verdad.

El espinazo del escéptico amoroso se convirtió de repente en un conductor eléctrico sobrecargado. Y lo más grave era que su arrogante superyó, su infalible interruptor diferencial, se había echado a perder entre unos ojos negros extenuados de encanto y en una voz crepuscular insistiéndole al borde del embeleso.

—Dímelo.

No. Demasiado poco riesgo. Ninguno. Él intentó, no sin gran dificultad, igualar la hondura de su mirada.

Se dijeron todo cuanto tenían y podían decir, mucho y poco, cierto o incierto, renunciando a las palabras, dejando hundir los ojos más allá de donde llegara cualquier sonda. Así que, con satisfacción, ella supo que no se trataba de ese miedo tantas veces visto en los ojos de presuntos pretendientes. Simplemente faltaba el equilibrio necesario. No era la situación, no podía ser en ese momento.

—A pesar de todo —prosiguió él—, quizá esa elaboración mental, esa voluntad consciente, el interpretar los procesos bioquímicos para dominarlos y someterlos a algo racional y conscientemente deseado, sea algo más fascinante y sobrehumano que el dejarse llevar por un impulso orgánico, irracional y, como otras muchas facetas de la naturaleza, cruel.

Al final, ella se conformó con una simple eventualidad, la prórroga válida que había buscado a tientas. No pedía más. «No ahora» no es «no». Y por eso no se resistió a concluir en voz alta, derramando la más caprichosa de sus sonrisas reminiscentes.

—Es suficiente. Hay esperanza.



François Boucher, Le sommeil interrompu, 1750. MOMA, NY.
___
___
Technoradas

9 comentarios:

  1. Si, si: pero el misterio radica en por qué un sujeto y no otro es quien hace estallar la tormenta bioquímica.

    ResponderEliminar
  2. Pues yo creo que ella sí que amaba al bajá.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Humo La tormenta estalla a cada momento. Somos una especie más con sus instintos primarios. Lo que ocurre es que, en mi opinión, puede contenerse a voluntad o dejar que le arrastre a uno. Pero puede que me equivoque. O, lo más probable, es que cada cual funcione de forma distinta.
    Como el sujeto del diálogo, soy de los que ama (y mucho) con la cabeza. Mi corazón se dedica a bombear sangre, que con eso ya tiene trabajo bastante, y se lo agradezco.
    Muchas gracias por tu visita.

    Lucía Según mi teoría, en efecto, creo que ella acabaría por amar al bajá. Le amaría con la cabeza, claro. Con ese amor se construye poco a poco. Que perdona pero no olvida.
    Un abrazo grande.

    ResponderEliminar
  4. Llevo ayer y hoy, "peleándome" con esta entrada tuya, enredándome en ella y desénredándome.
    Esto, lo escribes tú, o de donde lo sacas?. Me parece CUM LAUDE, las tres u´ltimas entradas. me las he tenido que imprimir y las estoy leyendo con tranquilidad. Es maravilloso.
    Por cierto, ha coincidido que me he puesto una pantalla enorme, la vista es mi problema...pero es coincidencia o has cambiado la letra a mayor, hace como ya un tiempito???. Si es así mis ojos te dicen gracias. Sigo estudiando estupefacta este último texto, que frescura y a la vez qué riqueza de lenguaje y cuanto contenido en el concepto, va bien repleto! Un beso, me siento muy orgullosa de conocerte.

    Ya habrá más comentarios...esta entrada trae rescoldo, como digo yo.La gente tiene que reaccionar.

    ResponderEliminar
  5. Euterpe Pop No sé qué decir... Mira que llevamos ya un tiempo intercambiando mensajes y todavía me dejas sin palabras.
    Me alegra mucho que un texto pueda llegar así a alguien. Para eso escribo. Pero, como sabe bien todo el que le da a la tecla, no siempre concuerdan las impresiones del que escribe y el que lee. A veces un texto que crees redondo, o al menos bueno, no causa efecto; y otras en que piensas que has salido del paso sin más, o no has puesto mucho empeño, causa revuelo. Gajes del oficio. En cualquier caso, es muy, muy agradable escuchar o leer comentarios positivos. Acaba uno levitando... y quien diga que no, miente.
    En cuanto al tamaño de la letra yo creo que depende de la pantalla, porque la que uso viene ya de hace muchos meses. O son las dos cosas, no sé.
    El orgullo es sólo mío, milady.

    ResponderEliminar
  6. Bueno Fernando, esta entrada, para mí la mejor de todas, me refiero a esta trilogía sobre el amor, me ha llevado tiempo analizarla pues es tan rica en contenido y llena de matices que me ha hecho además consultar algunas cosas que ya había leído. Curiosamente, no sé por qué motivo, no ha tenido tanto eco en forma de comentarios bloguísticos. Y eso que estás engrosando a pasos agigantados la lista de adeptos a tu causa. Claro, el que siembra, recoge.
    Vemos una vez más en esta entrada tuya, el eterno debate entre amor-pasión versus amor-racional. Efectivamente no sé por qué se le da escaso valor a este último cuando quizá sea, ami parecer el más hondo y auténtico. El otro puede quedar en simples fuegos fatuos sin más, ser sólo un espejismo, una ceguera temporal, un calentón incluso.
    Mientras tanto el amor auténtico es una amistad honda, ternura cariño, admiración, compañía. Es una amistad con el privilegio del disfrute carnal. Como bien dices ahí.
    La pasión desaparece con el tiempo, tiene caducidad. y si me apuras, aunque no desaparezca y siempre quede, baja y sube, va y viene como el Guadiana a través del tiempo en la relación. Y menos mal que no dura siempre, no se podría soportar ese permanente estado de vigilia, de no comer, de atontamiento de mariposeo...
    El amor-pasión suele ir asociado, siempre hablo por mi experiencia, eh?, a un ansia de posesión, amor-posesión. Y desde luego, la pasión no se satisface si no hay intercambio sexual, cosa que en el amor-ternura, digamosle así, no siempre es necesario, aunque sí conveniente. Por tanto es más desinteresado y más auténtico este amos que no depende de dicho intercambio. Además al no estar sujeto a ello, es más libre.
    Como bien dices el amor apasionado es una asociación de hormonasy neuronas, una tormenta bioquímica que nubla el entendimiento. Véase el caso de los adolescentes, que cada vez adolecen más por cierto.
    Según los conductistas, no es un accidente que consideremos los placeres carnales tan gratificantes. Nuestros cerebros como los de las ratas están programados para que la comida y el sexo nos den pequeñas descargas de dopamina. Es un instinto de conservación y de perpetuarse.
    Según Damasio: la razón y la emoción deben trabajar juntas para crear una conducta inteligente y tb. coherente, pero la emoción hace la mayoría del trabajo. Yo creo más bien esto que lo que decía Platón en cambio, que la razón era la auriga que controla a las bestias salvajes de la pasión.
    Y, para no extenderme y no cansarte más con este aburrimiento, diré que bajo mi punto de vista lo ideal es tener el equilibrio entre ambos tipos de amor, aunque al no ser perfectos, predomina siempre uno más que otro en cada momento y persona.
    Pero creo que no ama más el que ama con pasión sino que está más enamorado y lucha más por la relación el que está enamorado de forma más racional, si se puede decir así...
    Es que ...se nota que el tema me gusta y mucho! y también me apasiona !!!!. Un superbesazo a mi más apreciado y el más especial de los amigos blogueros!!! Muack.

    ResponderEliminar
  7. Winehouse Sí, se nota que te apasiona el tema tanto como a mí. Y es un gusto comprobar cómo coincidimos en la apreciación de lo que es el amor duradero-verdadero.
    Los argumentos filosóficos son una pasada, desde Platón hasta los conductistas. Y es que sobre el tema se pueden juntar filósofos, poetas, educadores o cualquier otra persona y debatir durante años enteros.
    Impresionante el comentario, mi querida amiga.
    Un gran beso.

    ResponderEliminar
  8. De vez en cuando yo también soy densa...que no es sinónimo de plasta, espesa, aburrida, tostón,sino de todo lo contrario: Profundo, interesante,enjundioso,ameno, alto, guapo, rubio...
    Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja, bueno ya vale!de tanto Ja, que se me gasta la jota.
    Besssssssossssssssss...... Y ahora la ese.

    ResponderEliminar
  9. Winnie Es que si no fueras así, ¿cómo íbamos a tener este absoluto intercambio? Ni a mí me gustaría ni tú me aguantarías.

    ResponderEliminar

¿Y ustedes qué opinan de todo esto?