miércoles, marzo 19, 2008

Como un niño

Una de las cosas que más me llama la atención, y lo digo en el buen sentido, es que eres como un niño. Cuando tienes una ilusión por ciertas cosas, lo disfrutas y lo manifiestas sin tapujos. Y son pequeñas cosas, pequeños placeres con los que disfrutas como un indio.

Me lo dijeron hace algunos días. Tuve que reflexionar sobre ello, aunque no mucho, porque supongo que es casi una evidencia para quien me conoce algo. El caso es que hace años no era así; iba con una máscara por delante, y de ahí casi nadie sacaba nada en claro. Aún mantengo la máscara para ciertas ocasiones, casi todas de tipo laboral.



Hay gente a la que, si supiera como soy realmente, se le caería la mandíbula del estupor. Y hay otras personas, mi gente, que saben como soy, lo van descubriendo poco a poco, y a pesar de todo también le llaman la atención.

Creo que todo el mundo que tiene algo que decir, que tiene algo, llama la atención de un modo u otro.

Sí, me gustan los placeres sencillos, incluso cotidianos; como los que disfruta Amélie Poulain; o como cantan los Madredeus: coisas pequenas/estas palavras são coisas pequenas/que dizem que eu te quero amar.

Saborear la grandeza, la pizca de eternidad que contienen los ritos, las liturgias esenciales de los días: el café, la charla, el beso impromptu, la carita que sonríe cuando llega el autobús... Las joyas ocultas en las pequeñas cosas de la vida.

Ejemplos:

Compartir una comida con grupo de personas, algunas conocidas, otras a las que sólo faltaba poner un rostro, todas iguales a los cinco minutos; un catalizador con bujías de blogs y libros; sentido del humor, ideas para pensar y para actuar, intercambio, una comida a la mediterránea en el centro de Bilbao con vistas a la ría, torrentes de palabras, café y unos buenos sofás con la Bombay y hielos tintineando. Conspiradores amantes de lo heterodoxo, conspiradores contra la inercia establecida. Que levante la mano quien dé más.

Bueno, yo mismo: un proyecto utópico encima de la mesa; un proyecto que ya ha empezado; un proyecto vital (acepción 1), que no vital (acepción 2). Prueba y error como esencia del progreso, del crecimiento personal que espero nunca pare. Y siempre ilusión. La misma ilusión de la que hablaba Lorena hace poco. No sabemos cómo acabará, ni en qué derivará. Sólo prometemos una cosa: vamos a hacer ruido. Como los niños.

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