miércoles, marzo 05, 2008

Más sobre comentarios y conversaciones


Cuando publiqué hace algunos días la entrada “Comentarios. Conversaciones” suponía, he de confesar, que tendría cierta repercusión en cuanto a la medida de comentarios a recibir, por cuanto que se trata, al decir de Ana, de un hermoso juego, toda una liturgia, abrirlos, degustarlos, pensarlos y esperar el siguiente… en la que todos participamos casi diariamente; esa nueva partida de crecimiento personal a través de la cual podemos ver las cosas desde otro prisma y ser un poco más abiertos en nuestras opiniones, como atina La interrogación. Pero el asunto se me ha ido de las manos.

Así.

Lo que no esperaba, y sigo sincerándome, era esa avalancha de comentarios (para este humilde blog, veintiuno son una avalancha), así como tamaña calidad, emoción e inteligencia en aquéllos. Y no, claro está, porque ustedes, comentaristas habituales, carezcan de tales competencias, pues sobradamente las han demostrado a lo largo de muchos meses, sino porque tengo la sensación de que en este caso, dicho en términos coloquiales, han echado el resto. O puede que simplemente se trate de una cierta incapacidad, por mi parte, de asumir lo sorprendente que es la comprobación de que un pensamiento propio expresado imperfectamente siempre a través de la palabra, el combustible, podía despertar los mas dispares pensamientos, réplicas, disconformidades, aprobaciones o sus contrarios tal como lo define Pompasdejabón.

Comoquiera que no me siento capaz de responder una a una tanta carga de profundidad, me he limitado a agradecérselo con el mismo calado y a apresurar estas líneas en un vano intento de expresar lo inaprehensible. Aun en el supuesto, meramente hipotético, de ser capaz de poder responder a cada apreciación, a todo ese inmenso diálogo, agotaría mis escasos recursos dialógicos y temporales. Me quedaría entrampado en esa única entrada, formando entre todos un auténtico ensayo sobre las conversaciones en la red, sus efectos y consecuencias; lo que es incompatible con una verdadera conversación, cuya sal reside en el vaivén caótico, en los saltos, apreciables o no, de un tema a otro, de un contertulio a otro, sin llegar a veces a otro destino aparente que el enorme deleite de la palabra compartida y la riqueza del aprendizaje continuo.

Y es que, como dice Telémaco, cuando dos personas dialogan, la información está viva y se convierte en conocimiento al fluir entre ellos. Ellos, ellas, conoces a personas que sientes cercanas a ti y que con el tiempo llegamos a sentirlos como parte de nuestra vida, dicen con gran acierto Magda y Lucía.

Al final, todo puede resumirse en lo más sencillo. Y lo ha tenido que hacer el boss, claro está, no sin retranca: hay que ver lo que nos gusta hablar... se ve que los nietos lo van a llevar crudo con sus abuelitos.El presente lo sanciona La Colombina: mientras tanto, toca vivir.

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