viernes, junio 13, 2008

El quinto elemento


«El ensayista y poeta alemán Hans Magnus Enzensberger afirmó hace tiempo que la lectura es un acto anárquico. El lector siempre tiene razón y nadie puede arrebatarle la libertad de hacer de un texto el uso que quiera; hojearlo por cualquier parte, saltarse pasajes completos, leer las frases al revés, alterarlas, reelaborarlas, continuar entrelazándolas y mejorandolas con todas las posibles asociaciones, recabar del texto conclusiones que el texto ignora, enfadarse y alegrarse con él, olvidarlo, y, en un momento dado, si es preciso abandonarlo en cualquier rincón. Lo importante en la lectura es que no haya reglas, ni un orden establecido, que no se postulen fórmulas, ni rígidos preceptos, porque lo que verdaderamente merece la pena es que alguien se interese por un texto y a partir de este interés, lo haga suyo. Se sumerja en él y lo lea, lo viva, como mejor le parezca. Éste es el paso fundamental, lo demás, la lectura reflexiva, ordenada, en silencio, etc. vendrá como un añadido si la obra es capaz de conmoverle, de emocionarle, de motivarle lo suficiente como para querer dedicarle un tiempo y un pensamiento.»

Pedazo de párrafo el que se han marcado los editores de la revista Trama y Texturas, y con el que se topa uno nada más abrir el número 5, que ya se pasea por las calles y librerías sin pudor. Habla, como es su razón de ser, de la lectura; pero, con un poco más de interpretación, fácilmente se ve su extensión a la escritura, la edición y, en general, todo lo relacionado con el mundo del libro que va a dar en la mar, que es la lectura. El polo escritura-lectura, con todo lo que hay en el medio.


En ese medio camino, industria y bandoleros aparte (perdón por la tautología), se encuentra la exégesis y el análisis personal e intransferible del texto literario. Un círculo hermenéutico explicado por Paul Ricœur, al que cito a través de Magda:
El problema de la escritura se vuelve problema hermenéutico cuando se lo refiere a su polo complementario, la lectura [...]. La lectura es el pharmakon, el "remedio" por el cual el sentido del texto es "rescatado" de la separación del distanciamiento y colocado en una nueva proximidad, proximidad que suprime y preserva la distancia cultural e incluye la otredad dentro de lo propio.
Si bien el objeto de la hermenéutica es el texto, igualmente confluyen en este acto interpretativo el autor y el lector; es decir, existe una intención del texto, una intención del autor y una intención del lector, el acto de lectura debe de tener en cuenta estos tres elementos, aunque es difícil que un solo lector pueda alcanzarlos todos.
Como sabiamente completa la idea esta doctora literaria: «En nuestra lectura se despliega el efecto del texto literario gracias a su intención comunicativa, a su carácter indicador, más no se trata de revelar el contenido del texto sino el de hacer objeto de su consideración o reflexión a la constitución del mismo sentido. En este proceder interpretativo lo primero que naturalmente surgen son preguntas: ¿Qué significa este texto? ¿Qué me dice a mí? siempre con la mira de comprender ese mundo que llega por medio del discurso narrativo literario».

Otra entrada de copia y pega, soy consciente. Pero, ¿para qué reelaborar ideas cuando hay otras personas que ya las han enunciado de forma insuperable y sería incapaz de mejorarlas? Esto no es literatura. Pero Tres Gymnopedias, por ejemplo, sí pretende serlo, y estar imbuido de este espíritu de texturas y apostillas, sirviéndose de ese espiritual quinto elemento de nuestra naturaleza, para alcanzar su nicho de lectoras salvajes que subsiste en la larguísima cola formada detrás de ese indeterminado concepto llamado libro.

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Technoradas