martes, junio 24, 2008

La elegancia del erizo


L'élégance du hérisson, de Muriel Barbery. Seix Barral, 2007.
Traducción de Isabel González-Gallarza.

Va de best-sellers.
O de utopía de la posmodernidad.
O de pizcas de eternidad.
Escójase la opción preferida.

En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común; Paloma tiene doce años y oculta una inteligencia extraordinaria. Ambas llevan una vida solitaria mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas. A través de ese encuentro, Renée y Paloma descubren la belleza de las pequeñas cosas, el hechizo de los placeres efímeros y arrancan a la vida instantes de eternidad gracias a la amistad, el amor y el arte. «¿Dónde se encuentra la belleza? ¿En las grandes cosas que, como las demás, están condenadas a morir, o bien en las pequeñas que, sin pretensiones, saben engastar en el instante una gema de infinitud?».

Lenguaje sencillo e ideas compuestas y variadas surgen de improviso a través de la narración de los pequeños avatares de la vida diaria de dos personas tan improbables como deseables. Nada más. Lo que no llego a comprender muy bien es por qué se encuentra entre las listas de los libros más vendidos, junto a otros ejemplares menos ejemplares. Paradojas del mercado, como diría Lord Keynes (o no lo diría, pero seguro que lo pensó); o, más bien, del espurio cruce entre libro y mercado.

Así que me voy a limitar (es un decir) a reproducir algunos de los párrafos que me han llamado la atención..

«Como Kakuzo Okakura, el autor de El libro del té, que se lamentaba de la revuelta de las tribus mongoles en el siglo XIII no porque hubiera traído consigo muerte y desolación, sino porque había destruido, entre los frutos de la cultura Song, el más preciado de ellos, el arte del té, sé como él que no es un brebaje menor. Cuando deviene ritualm constituye la esencia de la aptitud para ver la grandeza de las cosas. ¿Dónde se encuentra la belleza? ¿En las grandes cosas que, como las demás, están condenadas a morir, o bien en las pequeñas que, sin pretensiones, saben engastar en el instante una gema de infinitud?»

«Yo hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana... Pero si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente [...]
Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.»

«Es la primera vez que conozco a alguien que busca a la gente y ve más allá de las apariencias. Puede parecer trivial, pero yo creo sin embargo que es profundo. Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es más grave, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no hacemos sino mirarnos a nosotros mismos en el otro, que estamos solos en el desierto, enloqueceríamos.[...],
Yo suplico al destino que me dé la oportunidad de ver más allá de mí misma y de conocer a la gente.»

«Yo creo que la gramática es una vía de acceso a la belleza. Cuando hablas, lees o escribes, sabes muy bien si has hecho una frase bonita, o si estás leyendo una. Eres capaz de reconocer una expresión elegante o un buen estilo. Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua. Hacer gramática es observar las entrañas de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. Y eso es lo maravilloso porque te dices: ''¡Qué sólida, qué ingeniosa, qué rica, qué sutil!" Para mí, sólo saber que hay varias naturalezas de palabras y que hay que conocerlas para poder utilizarlas y para estar al tanto de sus posibles compatibilidades, hace que me sienta como en éxtasis.»

«¿Qué hace el Arte por nosotros? Da forma y hace visibles nuestras emociones y, al hacerlo, les atribuye ese sello de eternidad que llevan todas las obras que, a través de una forma particular, saben encarnar el universo de los afectos humanos.»

«Siempre me fascina la abnegación con la que nosotros los humanos somos capaces de dedicar una gran energía a la búsqueda de la nada y a la combinación de ideas inútiles y absurdas. Charlé sobre patrística griega con un joven que estaba redactando una tesis doctoral y me pregunté cómo tanta juventud podía malograrse de esa manera al servicio de la nada. Cuando se piensa bien en que lo que preocupa ante todo al primate es el sexo, el territorio y la jerarquía, la reflexión sobre el sentido de la oración en Agustín de Hipona se antoja relativamente fútil. […]
La búsqueda de sentido y de belleza no es el signo de la elevada naturaleza del humano que, escapando a su animalidad, supuestamente encontraría en las luces del espíritu la justificación de su ser; no, es una pulsión, un arma afilada al servicio de un fin material y trivial. Y cuando el arma se toma a sí misma como objeto, es una simple consecuencia del cableado neuronal específico que nos distingue de los otros animales y, al permitirnos sobrevivir gracias a ese medio eficaz, la inteligencia, nos ofrece también la posibilidad de la complejidad sin fundamento, del pensamiento sin utilidad, de la belleza sin función.»


¿No sería maravilloso y deseable que, a través del arte, la inteligencia y el amor, pudiéramos llegar a decir, como Renée: ahora ya sé lo que hay que vivir antes de morir?


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