jueves, julio 10, 2008

Las bizarrías de Belisa

Creo que en alguna ocasión les he comentado cómo por las hechiceras artes de mi dueña, muy poco después de nuestro encuentro, me mordió el gusanillo del teatro, que hasta entonces apenas me había rozado. Durante muchos años disfrutamos de lo lindo acudiendo a casi todo tipo de representaciones que o bien acertaban a caer por estos lares, o bien se celebraban en los principales teatros de Madrid.

De eso hace ya tiempo. Estos actuales tiempos de piratería no son en absoluto propicios para acudir a esas imprescindibles veladas de condensación de la vida humana en tablas y bastidores. Pero hay algunos de estos grupos de comediantes vagamundos cuyo reclamo se nos hace más irresistible que el de las sirenas a Odiseo, y lo imposible se hace posible para acudir a su encuentro. Por ejemplo, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, uno de cuyos últimos montajes es Las Bizarrías de Belisa, de don Félix Lope de Vega.



Montaje funcional y significativo, semiextemporáneo, con interpretaciones más que correctas, adaptación del texto impecable de Eduardo Vasco y vestuario de Lorenzo Caprile.

Para los aprendices y grandes ignorantes de todo lo hermoso y literario, las sorpresas que depara la puesta en escena de nuestros clásicos nos abre los ojos del espíritu como a niños impresionables, y sale uno por la puerta del corral de turno con una impresión de haber vivido, aprendido, gozado, sentido y crecido de golpe en escasas dos horas. No haré una relación de tantas sorpresas de dicho calibre que he recibido para no espantar a quien hasta aquí haya resistido leyendo. Tan sólo me limitaré a apuntar esta última.

El manuscrito autógrafo de Las bizarrías… está fechado el 24 de mayo de 1634 (se halla, por cierto, en el British Museum), motivo por el cual se considera que es ésta la última comedia de Lope de Vega. La obra aparece por primera vez impresa en el volumen misceláneo La vega del Parnaso en 1637. La condición de “última comedia” hace que Las bizarrías… esté considerada como el compendio, la suma de la técnica, la síntesis del “arte” de don Félix.

Pertenece al subgénero de las comedias de enredo y capa y espada, en las que coinciden la época de la acción y la época del autor. Ahora bien, la originalidad de la trama reside en que la dama protagonista toma la iniciativa en la conquista amorosa, una variante respecto del desarrollo convencional que presenta al galán iniciando los escarceos amorosos. Así, a la protagonista principal tanto le da en las relaciones con su amado acudir a empuñar espada y escopeta, según se tercie, para defenderle, que abrumarle a celos o dedicarle sonetos.
Canta con dulce voz en verde rama
Filomena dulcísima al aurora,
y en viendo el ruiseñor que le enamora,
con recíproco amor el nido enrama.
Su tierno amante por la selva llama
cándida tortolilla arrulladora,
que si el galán el ser amado ignora,
no tiene acción contra su amor la dama.
No de otra suerte al dueño de mis penas
llamé con dulce voz en las floridas
selvas de amor, que oyendo el canto apenas,
se vino a mí, las alas extendidas,
porque también hay voces filomenas
que rinden almas y enamoran vidas.

Según los estudiosos de Lope, Las bizarrías… no tendría, al menos en apariencia, una fuente literaria o tradicional reconocible. Alonso Zamora Vicente sostiene que el sustrato de la trama, a saber, la vida de una muchacha encantadora y aguda que, presuntuosa de juventud derramada, se convierte, al enamorarse, en ágil perseguidora del hombre que ama hasta conseguir hacerle esposo, es «una trama vieja, sacada en las tablas multitud de veces, incluso por el propio Lope». Joan Oleza afirma que uno de “los signos de identidad” más específicos del período de senectud (que delimita entre 1627 y 1635) del Fénix es «la dedicación del poeta a la materia palatina, definitivamente basculada hacia el drama, y la complacencia en la comedia urbana». Este tipo de comedias urbanas son muy similares entre sí: están ambientadas por lo general en Madrid y su trama nos introduce a menudo en el interior de los hogares, en el espacio doméstico a la vez que íntimo de las damas (algunas de ellas percibidas como con arrobo por el autor), donde transcurren esos pormenorizados coloquios femeninos y donde galanes y damas despliegan una dialéctica conceptuosa de desdenes, celos, bizarrías y arrogancias, en juegos amorosos que más bien habría que definir como «juegos entre la repulsión y la atracción, posiciones más que sentimientos, adoptadas alternativamente por los jugadores a la busca de ganar la partida».

También afirma Oleza que una de las características de las comedias urbanas de este período es que las protagonizan heroínas del amor, de la inteligencia, de la acción y de la libertad. La secuencia “damas/mujeres disfrazadas que defienden a sus galanes/hombres del ataque de otros”, siendo un elemento central y definitivo en la estructura de la comedia, tendría significativas implicaciones ideológicas: al vestirse de hombre y batirse en duelo emboscado Belisa «está transgrediendo los límites impuestos por su clase, por su condición de mujer y por su propia sexualidad definida en términos de la distinción hombre-mujer».



En resumen, Las bizarrías… es una comedia con aire joven, urbano, con hombres que van a la deriva impuesta por las circunstancias y mujeres que empuñan la espada y escriben sonetos. Inteligente, trascendente y nada convencional. Siglo XVII o XXI, da lo mismo. Los clásicos, es lo que tienen. Que lo son.

Y no me extraña que estos clásicos den a muchos una buena ración de rabia, si se piensa que lo mejor de lo mejor que puedan llegar a escribir y reescribir, después de incinerarse el cerebro con el esfuerzo, tanto Zafón, Follett, Izaguirre o García Pañeda como anda suelto por ahí, no llegue ni a la mitad de la mitad de la calidad que la menor de las comedias que apresuradamente escribiera el fénix don Félix para pagar el alquiler del mes.


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