lunes, agosto 11, 2008

In Arcadia (III)

II

Tomó el auricular del inalámbrico y marcó el número de una arcádica mansión en el otro extremo del continente. Se arrepentía de no haberlo hecho antes, y sabía que no se arrepentiría entonces.



Oyó su voz, su risa y el rumor de su sorpresa. «¡Ah, querido mío, mi beg, mi caballero de la época de los oguz!». Clamó en susurros una teatral recitación de frases del Libro de Dede Korkut, historias de caballería de los tiempos de los oguz que le había explicado en su día, introduciéndole en una materia por la que ella sentía predilección y respeto máximos; porque su familia, a pesar de su teórica proveniencia albanesa, siempre había conservado el orgullo de su primordial origen nómada, estepario, turcómano. “De la época de los oguz” es una frase hecha que aún sigue oyéndose en el país. Se dice de algo o de alguien que es «de la época de los oguz» para ensalzarlo, recalcar su excelencia, sus bondades y lo extraordinario de su existencia entre la vulgaridad circundante, remitiéndolo así, como se dice en el Dede Korkut, a «tiempos en que las bendiciones de los beg eran bendiciones, sus maldiciones, maldiciones, y sus plegarias eran oídas; los hijos no desobedecían a sus padres y respetaban y veneraban a sus abuelos de barba blanca y a las abuelas de trenzas blancas». Por eso de la época de los oguz era él, su bien amado extravagante caballero.

Y juzgó que ese esa risa, esa voz, era un verdadero bálsamo contra los vacíos internos. Bálsamo infinitamente mejor que todos los chutes nocturnos de melancolía con los que se limitaba a mantener a raya (y no siempre) la vacuidad afectiva de sus defensas contra el desconcertante ruido mundanal. «Estaba terminando de lavarme el pelo. Lo tenía lleno de polvo y porquería. Por la limpieza. Qué poco acostumbrada estoy a trabajar de verdad…». Aprehendió su gracia al vuelo oyéndola contar las menudencias diarias. Sublime. Mucho más que cualquier gesta o andanza aventurera. Más que todas las sesudas líneas alineadas ordenadamente en su biblioteca o que cualquiera de los opus que su opulenta discoteca pudiera contener. Un recuerdo, una imagen, un momento vivido.

Terminando de lavar su frondosa mata de pelo... Tradujo ese detalle cotidiano en un perfil, una imagen prodigiosa nunca suficientemente admirada: el perfil ondulante de su rostro, la grácil curva de la frente, las finas cejas lisas; el perfil de la nariz queriendo ser respingona y de sus labios revelados, indefensos, expuestos sobre el túrgido mentón heredado de su infancia; el perfil su cuello nítido, despojado de toda compostura, deslizándose mansamente hasta la piel torrentosa de sus clavículas; el perfil rezumante de su cuerpo, claroscuro invertido por el contraluz destilado en las cortinas escapando de la brisa; facciones desnudadas por el turbante alrededor de su cabello enteramente; siempre ese turbante de felpa sedosa, de colores brillantes, apagados, combinados, ajustados a su tez, a su sonrisa; siempre ese turbante en blanco, amarillo, naranja, cuadros negros y ocres, de cien tramas y colores combinados sobre el turquesa y la tersura de su piel. Complicada perfección genética de belleza oculta.

No imaginaba, contemplaba esa imagen; su cerebro le estaba mostrando algo que su retina había reflejado muchas veces y no había visto, o no había sabido ver. Una de tantas, soterradas durante siglos, que estaba arqueologando en pocos días.

Menudencias diarias, imágenes prodigiosas… ¿Cuántos cimientos peores había pensado para el futuro en el pasado?

(...)

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6 comentarios:

  1. Puedes quedarme más tiempo de vacaciones, si quiere...jajaja, me lo estoy pasando genial con los textos.

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  2. digo...quedarte...y quieres...jo,

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  3. Espero que estés pasando un excelentes vacaciones, mientras tanto, tus lectores la pasamos muy bien con los textos.

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  4. Queridas Mita y Luciana, no sabrán lo que es pasarlo bien de verdad hasta que algún día me tome vacaciones indefinidas. Pero esa vez será con wifi, porque no pienso prescindir de estas pequeñas y entrañables conversaciones.
    Un beso.

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  5. Me alegra que estés descansado y de regreso. Nos vemos

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  6. Luciana
    De regreso, sí. Descansado, ni hablar. Con mis dos piratas, ahora empezará el descanso.

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¿Y ustedes qué opinan de todo esto?