miércoles, agosto 13, 2008

In Arcadia (y IV)

III

Dos días después el avión termina de trazar la curva descendente sobre el Mar de Mármara antes de tomar tierra en el aeropuerto. Una amplia curva. Curvas, círculos cerrándose.

Nada más salir de la terminal le descubre. Su amigo común ha ido a recibirlo. Van cada uno al encuentro del otro y, con la sonrisa cómplice de los amigos, se dan un fortísimo apretón de manos. Para variar, no se pelean por llevar el uno más bultos que el otro hasta el coche, pues esta vez hay de sobra. Suben al vehículo y se ponen en camino sin demora. Hablan lo justo durante un trayecto menos difícil de lo habitual, al ser festivo. En cualquier caso, la sonrisa triunfal del uno y el gesto con que el otro la ignora suplían cualquier libreto al respecto.

Llegan a Arnavutköy. El vehículo se detiene ante la puerta de una finca cerrada con muros altos y aún más altos setos y árboles. Después de presentarse a través del portero automático y recorrer un pequeño camino envuelto en un bosquecillo heterogéneo (casi un jardín botánico), alcanzan la entrada trasera del esplendoroso yalı, que, en comparación con su fachada marítima, llega a resultar vulgar.

Conoce a la pareja que ha salido a agasajarle como al hijo pródigo, y les saluda a la manera tradicional, añadiendo a sus nombres el tratamiento de mayor respeto, lo que les proporciona un orgullo no menor que su satisfacción.

Ella no se presenta. Supone, aunque sea domingo, que estará enfrascada en alguno de esos asuntos de su trabajo que no entienden de vacaciones o fines de semana. Le extraña un poco que no den razón de ella, aunque tampoco pregunta. Le parece mejor así; verla cuando sea el momento.

Su amigo se despide. Hüseyin se hace cargo de su equipaje más ligero y Feride le ofrece un ayran bien fresco, invitándole a salir a la terraza. Pero no le da tiempo.

Ella aparece a contraluz sobre un fondo aturquesado. El sol centellea, o eso le parece, filtrándose entre sus rizos. La sonrisa destaca sobre el negativo de su rostro.

Y otro círculo se abre. Otro muy distinto, muy parecido al recuerdo de una etapa que se promete satinada, serena y a la vez premiosa. Un retorno a la paz perdida nunca alcanzada. Ve abrirse un nuevo círculo a sus pies, a los pies de su pasado repleto de futuro, porque está donde debe estar.

En su lugar. In Arcadia.




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7 comentarios:

  1. Ex-pléndido Fer.
    Cuando leas esto a tu vuelta, estaré de vacaciones o reposo;-)
    Te has perdido la que se ha montado. Ha sido una güena.

    Ánimo con los tranquilizantes, que ya sabes que te lee Chávez;-) y también Botín. Lo que no sé es Neguri, porque lo hicimos, seguir de pobres.
    Magnífica textura y pana.


    Voy a Arcadia una semana, o dos sison pequeñas.
    Depende de el Futuro, donde tengo que arreglar un par de cosillas. Os ecaharé de menos, y espero veros a mi vuelta. Sé feliz. Lo merecéis.

    Un abrazo
    T

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Qué preciosa es la edición de Las lágrimas de Eurídice.
    Kuss

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  4. Se disfruta mucho de los relatos, pero se te extraña de viva voz, aunque la voz en este caso sea a través de la red ;-)

    Saludos desde el ombligo de la luna

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  5. Antonio
    No hay gracias suficientes para ti.
    Con tal de que mate lenta y dulcemente, vamos sobraos.
    Feliz y largo futuro.
    Un abrazo.

    Mita
    Tan preciosa como incomprensible la inmediata dejadez de sus editores.
    Muchas gracias.

    Susana
    espero que no se me extrañe más a partir de ahora. Ya estoy de regreso, libro amigo. Con fuerza y ganas.
    Un abrazo hasta Tenochtitlán.

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  6. Excelente ritmo narrativo. supongo que debes tener libros publicados, me quedé admirada, saludos mil.

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  7. Tarántula
    Muchísimas gracias. Viniendo de ti, es un comentario para sentirse muy orgulloso. Y muchas gracias también por seguir viniendo por aquí.
    En la columna de la derecha puedes ver mi última novela publicada.

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