sábado, noviembre 08, 2008

4 noviembre 2008 (II)

El 4 de noviembre de 2008 es una fecha que pasará a la historia por ser el día en que en los USA se eligió por primera vez a un primer mandatario negro. Es un símbolo, un hito de esos que se anotarán con foto en los libros de Historia. Por eso quise dejar constancia de la fecha en este blog.

No es que sea un iluso, y piense que a partir del inicio del mandato de don Barack la Humanidad se dirigirá directamente hacia la paz, la buena voluntad y la prosperidad entre todos los seres humanos, y en el campo de los derechos civiles vayan a atarse los perros con longanizas. Un servidor trabaja directamente afectado influido por la política como para creer en los políticos, de uno u otro signo.

Pero, de alguna manera, sí creo en los avances de la Humanidad. A saltos, a trompicones, con retrocesos, sangrías y desengaños. No cambiaría la época en la que vivimos por ninguna otra del pasado, por muy interesante que haya sido. Ya es grande esa maldición que dice: «Que vivas tiempos interesantes». Yo, a diferencia del Harry Lime de El tercer hombre, prefiero vivir como persona los quinientos años de paz (con reloj de cuco como único logro notable) de Suiza a las guerras entre repúblicas y banderizos del cinquecento italiano con Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, Dante, Bernini y el resto de aquella peña de las bellas artes, creando y dando forma febrilmente a la belleza entre charcos de sangre.

Creo en esos hechos que he leído en los libros de Historia, en que el hemos sido capaces de echar por tierra, incluso literalmente, instituciones y símbolos de opresión y miseria, desde la toma de la Bastilla hasta los diez días que estremecieron al mundo. Momentos caídos todos de forma inexorable en la decepción e incluso el horror, pero que con su fugaz ilusión han señalado a la larga puntos de no retorno en el progreso de la libertad y la igualdad entre los seres humanos. Como también creo en otros hechos menos violentos, como la humillación de Jesse Owens a la pureza aria o el sueño de Martin Luther King, entre otros muchos.

En septiembre de 1957, Dorothy Counts, una joven de quince años, no pudo pasar del cuarto día de clases en la Harry Harding High School de Charlotte, Carolina del Norte. Desde el primer día, los alumnos le tiraban piedras y la insultaban; las chicas, sus nuevas compañeras, la escupían en la espalda; y los profesores la ignoraban. Su familia empezó a recibir llamadas telefónicas amenazadoras. Incluso destrozaron el coche familiar. Saquearon la taquilla de la niña el tercer día... El cuarto día, el padre dio una conferencia de prensa: él y su esposa habían decidido sacar a su hija de aquel infierno. Ocurría que la Harry Harding High School era uno de los mejores institutos de enseñanza secundaria de Carolina del Norte, y había sido uno de los elegidos para poner en marcha el programa de disgregación racial aprobado ese año por el gobierno; una escuela sólo para blancos, que ahora era una escuela interracial. Interracial porque habían admitido a una negra. A Dorothy.


Durante los cincuenta y un años posteriores a la renuncia de Dorothy ha habido otros muchos episodios parecidos o aun peores, pero no han dejado de retroceder poco a poco. Hasta el punto de que sesenta y cinco millones de votantes de todas las condiciones, razas o religiones, han asumido que Barack Obama sería, durante los próximos cuatro años, el mejor Presidente de su nación de entre los presentados. Por eso me parece un gran día, al margen de lo que depare el futuro próximo.

Aunque presumo de no ser un iluso, quizá lo sea en el fondo. Quizá la literatura que tanto amo ha sacado a la luz un cierto infantilismo que pretendía no poseer. Porque, como dice Orhan Pamuk, otro gran creyente en el futuro de la Humanidad, «un autor que trata de desarrollar sus aptitudes y crear un mundo con sus palabras durante años está demostrando, lo sepa o no, una profunda confianza en el ser humano, partiendo de sus propias heridas ocultas. Yo siempre he tenido esa confianza que te hace sentir que todos los seres humanos se parecen, que los demás tienen heridas parecidas y por eso te comprenderán. Toda la verdadera literatura se basa en esa confianza infantil y optimista en que la gente se parece».


Fotografía: Douglas Martin, USA, The Associated Press.
Descripción: Charlotte, Carolina del Norte, USA, 4 de septiembre de 1957. Dorothy Counts, la primera estudiante negra de la recientemente disgregada Harry Harding High School a punto de entrar en clase. Premiada con la World Press Photo of the Year en 1957.

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