martes, enero 27, 2009

De la escritura de cuentos y otras variedades del mal vivir

La comidilla de un buen puñado de bitácoras que zumbamos alrededor del mundo del libro, la literatura y todo eso relacionado con alfabetos y bitios es el especial dedicado por Babelia (el Quinto Evangelio, según la herejía más extendida en el gremio) a ese género literario que, según el siempre atinado decir de Alberto Manguel, «se diferenció del poema, de la novela y del ensayo para que los profesores universitarios tuvieran de qué ocuparse», comúnmente conocido como cuento.

Dado que hay una serie de buenos artículos dedicados al asunto, haré lo propio de los buenos mareantes de la red: limitarme a recomendar su lectura. En líneas generales, consiste en una reivindicación de un género injustamente tratado por la mayoría de los lectores compradores contemporáneos y, en consecuencia, por las grandes y medianas editoriales (¿o es al revés?). Y, para variar, aunque no podía ser menos, se reconoce el ciberespacio como escenario importante en el impulso de la lectura o, al menos, de este espacio literario. Así, en torno al posible cambio de criterio general sobre el cuento, una de las expertas opiniones recogidas, la de Juan Cerezo, de Tusquets, señala que «hay indicios de cierta mejora: colecciones, editoriales, librerías, blogs, están insuflando nueva vida a un género que, al igual que la poesía, quizá no sea de ventas masivas, pero empieza a contar con lectores fieles, y entendidos»; asimismo, se recogen con cierta amplitud las opiniones de Miguel Ángel Muñoz, autor de El síndrome Chejov, una de las mejores bitácoras de cuentos de la blogosfera hispana, junto a la cual se mueven otras no menos encomiables.


Cuentista en acción

Al infrascripto le han gustado especialmente las declaraciones de Muñoz sobre el que el periodista denomina romance tempestuoso entre Internet y el cuento: «A través de bitácoras, revistas digitales y demás webs, el amante del cuento ha encontrado un club de encuentro libre de presiones y conveniencias literarias o comerciales. Un lugar para la sugerencia y el descubrimiento de nuevos nombres, que ha demostrado que había una necesidad de información sobre este género, "tan poco comercial" según las editoriales».

Y, por supuesto, no se pierdan el Elogio del cuento, de Manguel.

Más y mejor en:
Desequilibros.
Cuentos de barro.
El síndrome Chéjov.
Entre otros.


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