domingo, abril 18, 2010

Ese gitano francés


«Soy el mejor guitarrista del mundo... bueno, quizá después de ese gitano francés». Eso es lo que decía Ray Emmet, el engreído y falso guitarrista de jazz creado por Woody Allen para su deliciosa Sweet and Lowdown (lamentablemente traducida en España como Acordes y desacuerdos). Ese gitano francés al que se refería el pobre Ray era Django Reinhardt.

En este año plagado de centenarios, que serán puntualmente detallados y desarrollados por numerosos blogs y media, este heterodoxo rincón digital se hace eco de uno de tantos, probablemente el menos jaleado.

Jean Baptiste Reinhardt vino al mundo en la ciudad belga de Liberchies el 23 de enero de 1910. Como es costumbre entre los Manouches, vivió gran parte de su vida en una carreta y haciendo nomadismo; si bien la tribu materna se asentó en un campamento situado a las afueras de París, al lado de las fortificaciones que la rodeaban. Su familia se dedicaba al espectáculo de la cabra y el oso, o algo parecido; espectáculo que amenizaban el violín del padre y el banjo que él ya tocaba con soltura desde los ocho años y con el que desde los trece empezó a frecuentar salas de baile junto con otros músicos o formando parte de bandas musicales. Para entonces, ya habia cambiado el banjo por una guitarra y era conocido como Django.

La ya de por sí improbable carrera de Reinhardt como músico estuvo, además, a punto de acabar tras un incendio producido en su caravana en 1928, a resultas del cual dos dedos de la mano izquierda quedaron inmovilizados. Pero gracias a su fuerza de voluntad y talento ideó un sistema propio de digitación para superar el problema, lo que influyó indudablemente en la originalidad de su estilo. Gracias a esto y a la ayuda del luthier Mario Maccaferri, que diseñó una guitarra específica para él.

Durante su período de recuperación se introdujo en el jazz americano a través de varios discos de Louis Armstrong que llegaron a sus manos. Durante unos años repartió su talento en los cafés parisinos, forjándose un cierto nombre y una buena reputación, hasta que en una jam session formada en el Hotel Claridge en 1933 entre el propio Django, Roger Chaput, Louis Vola y Stephan Grappélli, el jefe del Hot Club, Pierre Nourry, le propuso la idea de formar una banda de cuerdas en la que estarían él y Grappélli como núcleo permanente. Así nació el legandario Quinteto del Hot Club de Francia. El resto es historia y música celestial.

Y una de las secuencias más emotivas de Sweet and Lowdown:



En sus manos la guitarra «ríe y llora», y adquiere una «voz humana», escribió Jean Cocteau sobre Django Reinhardt. Cien años de voz que ríe y llora.

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