viernes, septiembre 30, 2016

Estupefacientes (XIX). El amor (3)


El amor. Otra vez. Siempre. ¿Qué era para él? ¿Y para ella?







—El amor es como el tiempo. Una transición, una corriente en la que no existe pasado ni futuro.

—Sólo un presente.

—Imperfecto.


¿Qué era para él? ¿Una alteración patológica de la voluntad? No, más difícil: una variable permanente e indescifrable.

¿Y para ella? ¿Acaso un rapto expectante? No, más fácil: una dirección a seguir, un punto de llegada. Un anhelo alimentado día a día.

¿Amor? Un esfuerzo difícil. Una borrachera de lubricidad a oscuras, una cáscara de bajezas inconfesables recubriendo una ternura frágil. Tan frágil, tan liviana como un ángel. El amor es frágil, es de una dureza ciclópea y abisal. El amor es el otro, él y ella. Ser otro y cuidarlo, vivir desviviéndose. Alguien (yo) que cuide de mí (de ti).

Enlazar pensamientos, dudas y anhelos, sin palabras, con una sonrisa.

Abandonarse a la vida misma en un regalado laissez passer y vivirla al lado del otro durante un soplo interminable, un no terminar jamás de caer tan despacio.

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