viernes, octubre 14, 2016

Memorias desenjauladas


historia de amor en Venecia

O de una historia de amor, de segunda oportunidad en el amor, que pronto verá la luz. Es adonde me ha llevado la semilla de esa historia mezclando en el tamiz de ese crisol escondido ingredientes tan variopintos como una novela austenita, Venecia y la idea —¿ilusión?— del verdadero amor.


Como le ocurrió a Josef Brodsky, la primera vez que llegué a Venecia era de noche. Noche fría y cerrada, atravesando la Laguna. Entreveía maravillas que las luces urdían, vencidas por el sueño y la almohada de un cálido hotel. La primera imagen que recibí de la ciudad a la luz del día fue la Punta della Dogana, la punta de la aduana, bajo un cielo descolorido de finales de octubre.Los ventanales del salón enfilaban el desayuno con el símbolo de la Punta: la Palla d’Oro que enarbola la Fortuna sobre el globo terráqueo que sostienen dos atlantes. Una veleta exacerbadamente barroca y veneciana. Y la memoria se enfilaba con el primer café del primer día.

Casi siempre asocio la primera imagen de una ciudad a su nombre. La memoria construye sus tesoros con imágenes, con fotografías mentales sin las cuales no sabríamos dar un paso detrás de otro forjando nuestro pasado, nuestro ser. Con imágenes, con palabras que, como resortes, las hacen aparecer. Tesoros plenos de libertad, únicos, personalísimos e ilimitados, que nadie sino uno mismo puede domeñar y moldear o transformar a placer. Y es que, como dice Pérez-Reverte, nadie puede enjaular la memoria, ni los libros. Con el tiempo, esos tesoros se van transformando. Por obra y gracia del magma formado por lecturas, vivencias, viajes y espíritu, surge una pulsión sin escapatoria que lleva a transformar aquellos tesoros en ficción escrita, a desenjaular la memoria en forma de historias.

Y a partir de ahí surge la chispa, la idea de que una de esas memorias desenjauladas vea la luz enmarcada en tan luminosa y oscura ciudad, viva y momificada, antigua y siempre nueva; y con esa Punta a finales de octubre, que marcará fin y principio de una historia de amor, por ese orden. Una historia de constancia en los afectos, de agonía, de esperanza y de razón apasionada. De belleza inteligente. Y, todo hay que decirlo, tiene mucho que ver con esa creadora de verdades universalmente reconocidas durante más de dos siglos (¿Persuasión? ¿Quién ha dicho nada de Persuasión?).

Y como dirían los angloparlantes, stay tuned. Si pica la curiosidad.