jueves, abril 26, 2018

La banda sonora de "Todos tus nombres"


La música ha jugado un papel relevante en casi todas mis novelas. Es para mí, y después de la literatura, una (otra más) pasión irrefrenable. No se extrañen si, por ejemplo, en medio de una conversación de repente pierdo el hilo, no respondo a una pregunta o sin más guardo un silencio aislador sin motivo aparente; pero, en realidad, sí que habrá un motivo: los compases de alguna pieza de una Suite de Bach, o las síncopas de Rapsodia en Azul, o simplemente el el ritmo funk de alguna canción de James Brown o Kool & The Gang se habrán hecho con el control de mis sentidos para transportarme al correspondiente pentagrama. Mis líneas, por lo tanto, no pueden sustraerse, antes o después, al poder gravitatorio de alguno de esos mundos musicales. Y, por supuesto, Todos tus nombres no es, ni mucho menos, una excepción a esa regla general.

Como también es habitual, y se puede deducir del ejemplo que he expuesto anteriormente, las piezas que suenan a lo largo de las páginas siguen una heterodoxia propia de un "Manual del perfecto heterodoxo". Se ajustan, cómo no, a las diversas y variadas situaciones en que suenan, pero no existe el menor atisbo denominador común. Vean, si no:

En una fiesta de "aliadófilos" cosmopolitas no podía faltar en ese momento el swing característico de artistas como Count Basie o Benny Goodman.




Pero, en otro tipo de fiestas, una orquesta de salón que se preciara podía hacer un tanto la pelota a los alemanes no sólo con la archiconocida Lili Marleen, sino con otras melodías igualmente sugerentes y melancólicas.



Y en la España de la época, rota emocionalmente, un pasodoble era capaz de unir a los bandos más irreconciliables, a los que se quedaron y los que tuvieron que exiliarse, en lo que podía denominarse un himno nacional oficioso. Aunque esta canción se compuso en 1902 como marcha de paseo para la Real Infantería en la ciudad de Cartagena, se popularizó con la letra compuesta en 1939 para ser cantada por Estrellita Castro en la película del mismo nombre.



Por otra parte, los personajes femeninos tienen una notable habilidad manejando las teclas del piano; especialmente Monique, quien la adquirió a través de un severo aprendizaje al que fue sometida en su primera juventud. Así, en un momento muy intenso y emotivo, deja escapar sus sentimientos bajo los compases de un estudio de Chopin conocido por el nombre de Tristesse.



En fin, como sabiamente razona Drax el Destructor (ya saben, uno de los Guardianes de la Galaxia), hay dos clases de seres en el universo: los que bailan y los que no. Y a quienes pertenecemos a la primera clase se nos fue dada la existencia de Glenn Miller (desgraciadamente fallecido en esa misma guerra en la que se ven envueltos los protagonistas de esta novela).




En fin, aunque se ha hecho una escogida selección de la banda sonora de Todos tus nombres, una más completa descripción de las piezas que suenan entre sus páginas se halla en la siguiente lista de reproducción:



En un mundo que se desangra sin piedad, anegado por la angustia y la incertidumbre, esas viejas y siempre nuevas melodías son un refugio para las almas que sólo buscan sinceridad y amor entre los restos de su pasado.

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