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Misión de audaces

Me encontraba aburriéndome graciosamente en el salón francés del club antes de caer en el sopor, cuando apareció el consocio Carlos Cheddar (su segundo apellido es Cheesewill) buscando algo de sosiego espiritual y unos oídos que sirvieran de solaz para su atribulada lengua. Cheddar posee un cerebro dotado de una descomunal base de datos sobre las vidas y milagros de nueve décimas partes de los miembros del club así como de una capacidad comunicativa abundante y, a pesar de ello, amena.
—¿Y no hay ningún otro viejo compadre hoy por aquí? —preguntó una vez instalado en la paz mundana.
—Por el momento, no. Pero acabo de despedir a Eyzaguirre.
—Ah, el truhán de Pablo, el azote del mal.
—¿Cómo dices? —inquirí, suponiendo que había oído mal.
—El azote del mal, la encarnación del ardor guerrero patrio. Ya sabes, es el mote que se ganó con aquella historia de Bosnia y tod... —insistió, si bien frenó en seco al notar mi desconcierto— No me digas que no lo sabes... ¡Virgen Santa, serás el únic…

Sábado negro

El horror

COSAS QUE SUCEDEN TODOS LOS DÍAS

Compatir escritos en tiempos de confinamiento... ¡Que me los quitan de las manos!

NO IMPORTA LO QUE SOY, SINO LO QUE SERÉ

25 de noviembre

La eficacia de la poesía para olvidarse del amor

Cervantes XXIst century

Divagaciones algorítmicas de un escritor superventas

Cuidado con las palabras

Mirar hacia atrás en el tiempo para seguir adelante