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COSAS QUE SUCEDEN TODOS LOS DÍAS

Amanecía en el vagón de cola. No tenía sueño. Comprensible. Atrapado y zarandeado en el vientre de un leviatán con forma de pintoresca antigualla de los ferrocarriles soviéticos, así mismo se tuvo que haber sentido Jonás. Viajaba en dirección a Bucarest, formando parte de uno de esos grupos organizados de turistas prestos a demandar tortillas de patata y bocadillos de chorizo en cualquier rincón del planeta. Por aquel entonces, a mediados de los ochenta, era la forma más asequible de viajar por los países del este (a la sazón, comunistas). El resto trotamundos dormitaba después del ajetreo sufrido de madrugada en la estación fronteriza de Ungheni.



Sortear los impedimentos existentes antes de atravesar el puente diseñado por Eiffel que unía aquellos dos países no era una píldora fácil de tragar para delicadas almas de sensibilidad occidental. Soportaron los cambios de vía con una sucesión interminable de paradas, arranques y retrocesos alternados con furiosas sacudidas. Después, la ad…

Compatir escritos en tiempos de confinamiento... ¡Que me los quitan de las manos!

NO IMPORTA LO QUE SOY, SINO LO QUE SERÉ

25 de noviembre

La eficacia de la poesía para olvidarse del amor

Cervantes XXIst century

Divagaciones algorítmicas de un escritor superventas

Cuidado con las palabras

Mirar hacia atrás en el tiempo para seguir adelante

El niño que juega con las palabras

No leer más, sino leer mejor

Adaptando o imitando a Jane Austen

La banda sonora de "Todos tus nombres"